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Tuesday, March 24, 2020

San Romero — Cuarenta & Cuarentena


[ English ]

“Una ramita de romero en casa, y al santo en el corazón”. Con ese eslogan, el Cardenal Gregorio Rosa Chávez promovía hace un par de años una peregrinación al pueblo natal de San Óscar Romero, invitando al mismo tiempo a los fieles a sembrar la planta aromática que lleva su nombre en cada hogar. Sin saberlo, el purpurado estaba preparando la celebración del 40° aniversario del martirio de Romero que se marca hoy en El Salvador sin misas públicas, sin procesiones, sin conciertos—todas las actividades acostumbradas para un aniversario de Romero—a causa del Coronavirus. (El cardenal está, de hecho, guardando cuarentena por haber viajado afuera del país y haber estado obligado a hacerlo al volver.)
Para este magno aniversario, se les ha pedido a los salvadoreños conmemorar a Romero en casa: poniendo velas en las ventanas, aflorando un altar, subiendo una selfie con su homenaje. De hecho es “Romero en casa y el santo en el corazón”.
Ha de ser la celebración de Romero más intima que se ha tenido, y esto ofrece muchas posibilidades más que todo espirituales para los salvadoreños. En primer lugar, se trata del 40° aniversario, un plazo que tiene gran significado en la Biblia. En el Viejo Testamento, es un periodo generacional, que marca un cambio de épocas. Por ejemplo, Dios exilia los israelitas al desierto por ese tiempo, “hasta que fue acabada toda la generación de los que habían hecho mal ante los ojos del Señor” (Números 32, 13). La pandémica del COVID-19 tiene todas las marcas de un episodio apocalíptico, y la cuarentena en que se celebra este aniversario aproxima un exilio. También hace pensar de la Pascua judía, el Pésaj, cuando la muerte “saltó” las casas de los justos que pintaron sus puertas con la sangre de un cordero. Quizá los salvadoreños que pongan velas para recordar la sangre de Romero puedan esperar que esta plaga salte sus umbrales.
En segundo lugar, la intimidad de esta conmemoración hará de ella necesariamente una ocasión básicamente familiar. La beatificación de Romero en El Salvador reunió a un mar de fieles; su canonización en Roma también fue multitudinaria, como lo han sido las procesiones y grandes liturgias que siempre han marcado la fecha de su martirio. Han sido ocasiones internacionales en su alcance, y ciertamente nacionales: del pueblo. Esta vez no. Esto quedará en familia, y eso cambia radicalmente el carácter de los que se celebra. Puede ser de verdad “Romero en casa y el santo en el corazón”. Las posibilidades son grandes. Cabe que una abuela o abuelo hable por primera vez abiertamente con sus nietos sobre Romero, sobre la guerra, sobre aquellas cosas que jamás se han dicho: que fulano fue partidario de la derecha, que tu tío mengano fue de la guerrilla, y cosas de ese estilo. Esto puede ser así muy grande.
Finalmente, en tercer lugar, el ambiente sombrío de este aniversario tiene mucho en común con la época del asesinato de Mons. Romero. La generación que no había nacido cuando San Romero ofrendó su vida puede probar la amargura de estar escondidos, sin poder salir, en un ambiente de pavor, de muerte, bajo Estado de Sitio. Y tal como Romero ayudo a la generación anterior a vivir su hora negra señalando los acontecimientos en la Biblia y las enseñanzas de los antiguos profetas, ahora esta generación puede dejarse guiar del profeta que vivió en El Salvador antes de que ellos nacieran.
“Romero en casa y el santo en el corazón”.

Monday, March 23, 2020

De los 40 años desde ‘El sermón del fuego’


[ English ]

Hace cuarenta años, Mons. Romero pronunció su inmortal homilía del Quinto Domingo de Cuaresma del ciclo litúrgico “C”. La llamo así porque seguramente Romero así ideó su sermón basado principalmente en la parábola de la adúltera que iba a ser apedreada, aunque el resto del mundo recuerda la homilía por su dramática frase culminante, “¡Cese la represión!” Esta breve reflexión sobre la última homilía dominical de Romero busca recordar su contexto teológico, repasar su impacto social y analizar la aplicabilidad del mensaje a nuestro momento.

Primero, vale recordar el marco de referencia que el mismo Romero dio a su homilía. Al presentarla, Romero trazó los puntos esenciales de su homilía, titulada “La Iglesia, un Servicio de Liberación Personal, Comunitaria, Trascendente”, así:

Estos tres calificativos marcan los tres pensamientos de la homilía de hoy: 
1º. La dignidad de la persona es lo primero que urge liberar. 
2º. Dios quiere salvar a todo el pueblo. 
3º. La trascendencia da a la liberación su verdadera y definitiva dimensión.
Es evidente que Romero quería desprender de la parábola de la adúltera la lección de que la ley no se puede aplicar arbitrariamente, sin tomar en cuenta la dignidad humana. Los que acusaban a la mujer estaban dispuestos a apedrearla sin más, a aplicar la ley sin la misericordia o cualquier otra consideración para evitar su muerte. En cambio, Jesús la defiende y acusa a los acusadores: ‘Aquel que esté sin pecado, que tire la primera piedra’. Para Romero, esto implica toda una serie de conclusiones que derivan del concepto “La ley para el hombre, no el hombre para la ley”. No se puede hacer caer sobre la dignidad de las personas ideologías—ya sean marxistas o capitalistas—o legalismos, ni mucho menos ordenes de seguridad nacional para reprimir el pueblo. Desde esa línea de pensamiento deriva directamente la famosa frase final: “En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!”

Esta frase ha tenido un impacto tremendo. Inmediato. Al siguiente día, Mons. Romero fue asesinado, se cree, basado en esta frase. He oído a expertos que dicen que al escuchar las palabras pronunciadas por Mons. Romero inmediatamente presumieron que sería asesinado—es más, algunos de los que lo aconsejaban al arzobispo le rogaron no pronunciar estas palabras ya que presentían el grave peligro que resultaría. La valentía de Romero en pronunciarlas es parte de la potencia de las palabras. “¡Nadie hará callar tu última homilía!”, declaro don Pedro Casaldáliga en su famoso poema. La frase ‘¡Cese la represión!’ ha sido reproducida en camisetas, stickers, y consignas y ha sido hasta transmitida a alto volumen hacia instalaciones militares estadounidenses. El activista John Dear ha calificado la homilía como la más grande interpelación por la justicia social en la historia de la Iglesia latinoamericana desde el sermón de Fray Antonio Montesinos en defensa de los indígenas en 1511.

Aquí una pequeña corrección: la frase ha sido históricamente interpretada como una invitación a la desobediencia, incluso en su momento, la dictadura salvadoreña dedujo que Romero estaba haciendo un llamado a la insubordinación de los soldados contra sus superiores, que podía provocar una sublevación formal. Esa interpretación se entiende, ya que Romero deja claro que los soldados deben desacatar ordenes inmorales: “Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla”. Sin embargo, el punto de referencia correcto NO sería la rebeldía sino que la obediencia: la obligación. El punto no es llamar a la gente a desobedecer a nadie, sino llamar a todos a OBEDECER A DIOS. Se trata de la primacía de la ley de Dios: “ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la Ley de Dios,” dice Romero (el énfasis es mío). Esto deja entrever que la lección tiene un aspecto positivo (obedecer la ley de Dios) y un aspecto negativo (desobedecer la ley del hombre cuando esta contradice la ley de Dios).

Esto nos trae a nuestro momento. Es interesante ver los paralelos: un sentido de crisis, una escala ascendiente en espiral de muerte. En el segmento de la vida nacional de la homilía, Romero hace un catálogo detallado de las muertes: 600 muertos identificados por Amnistía Internacional tras una exhumación de cadáveres, 140 muertos por un Estado de Sitio que vio varios enfrentamientos incluyendo un tiroteo contra la Universidad de El Salvador, 9 campesinos muertos en la población de San Bartolo Tecoluca, 25 campesinos muertos en San Pablo Tacachico, y varios otros casos que Romero informa que incluyen muertes y asesinatos en Arcatao, en Calera de Jutiapa, en El Jocote, en Mogotes Tacachico, y en la UCA. Una verdadera “pandémica”. Ante todos estos, Romero proclama que “la Pascua es grito de victoria, que nadie puede apagar aquella vida que Cristo resucitó y que ya la muerte, ni todos los signos de muerte … podrán vencer” (el énfasis es mío).

También vemos en los dos casos—el de entonces y el de hoy—un paralelo en el actuar del estado, la imposición de la ley, la intervención fuerte de un gobierno. Estado de Sitio. Las calles patrulladas. Las fuerzas del gobierno desplegadas por todo el territorio, imponiendo la voluntad estatal. Hasta algunos han sentido el instinto de la rebeldía: el querer desobedecer. Aquí es donde se tiene que analizar bien lo que dijo Romero: diferenciar la intención de la ley, de la orden que se enfrenta: ¿es orden para matar, o es orden para el bien común? ¿Es orden que ofende la dignidad de la persona, o es una ley que quiere salvaguardar el bienestar del pueblo?

Aquí repito a Romero:

Estos tres calificativos marcan los tres pensamientos de la homilía de hoy: 
1º. La dignidad de la persona es lo primero que urge liberar. 
2º. Dios quiere salvar a todo el pueblo. 
3º. La trascendencia da a la liberación su verdadera y definitiva dimensión.

Los principios aplican—porque son eternos y universales—pero hay que saber aplicarlos. Siempre desobedecer a algo implica obedecer a algo.

Saturday, February 29, 2020

Romero y Rutilio

“El Gran Amén” de Peter Bridgman

[ English ]

El anuncio de la aprobación del martirio del P. Rutilio Grande ha puesto en relieve la amistad entre este nuevo personaje que va rumbo a los altares y el más famoso mártir salvadoreño San Óscar Romero. Los dos eran amigos, y el martirio del ahora venerable P. Grande en 1977 ha llegado a ser visto como el detonante para el martirio de san Romero tres años después. En esta nota veremos que la verdad es una historia de varias capas, que envuelven el misterio de la enigmática amistad entre un obispo conservador y un cura ‘progre’.
La primera toma de la relación entre Romero y Grande viene a través de fuentes como la película “Romero” (1989) en cual el asesinato del sacerdote conmueve tanto al arzobispo que le provoca una “conversión” en su manera de analizar la realidad salvadoreña y lo conduce a su propio martirio. “Es imposible comprender a Romero sin comprender a Rutilio Grande”, afirma monseñor Vincenzo Paglia, el arzobispo postulador romano de la causa de canonización de Romero. Si bien la mayoría de los conocedores del tema consideran que es una exageración decir que la muerte de Grande fue el único factor en la “conversión” de Romero, casi todos reconocen que el asesinato dio un gran impulso a un proceso que ya venía en desarrollo desde muchos años. Como mínimo, le ayudó a Romero reconocer la injusticia de la represión cuando le cayó sobre un sacerdote que conocía y que difícilmente se podía acusar de haber provocado la violencia o haber merecido una muerte tan brutal.
“No podemos imaginar al Padre Grande”, dijo Romero a seis meses de su muerte, “odiando, pidiendo venganza, azuzando a la violencia, como se le calumnió. El que lo conoció sabe que aquel corazón era imposible para estos sentimientos de odio, que los vulgares asesinos se pueden imaginar y lo imaginan, en su corazón de sacerdote y de apóstol”. (Homilía del 1 de noviembre de 1977.)
Una segunda forma de analizar la relación entre Romero y Grande es desde el punto de vista interpersonal: dos seres humanos y su amistad. Pero como “La Pareja Extraña” de la obra teatral de Neil Simon, Romero y Grande nos parecen personajes que no deberían ser amigos. Esto es el misterio central de su amistad: Romero se llevó bien con Grande precisamente en un momento en que se enajenó del clero joven progresista en San Salvador, a principios de la década de los 70, y que se enemistó con los jesuitas (Grande era jesuita). El P. Rodolfo Cardenal, SJ, historiador de la causa de beatificación del P. Grande, admite que “no hay muchos datos sobre el desarrollo de la amistad”. Por ende, no se sabe con precisión cómo se conocieron, que cosas tenían en común, y qué fue lo que los unía: “Pero hay evidencia de que [su amistad] era fuerte y profunda”.
En su libro, Rutilio Grande: A Table for All (“Rutilio Grande: Una Mesa Para Todos”), Rhina Guidos presenta a Rutilio y Romero como dos caras de una moneda en cuanto a la Iglesia se refiere. Encarnan a cabalidad las dos corrientes en conflicto en la Iglesia Latinoamericana después del Concilio Vaticano Segundo: Rutilio con su visión amplia y reformista, y Romero con un acercamiento apegado a la jerarquía y la tradición. Sin embargo, el honor, el amor a la Iglesia y la verdadera fidelidad (siendo verdaderamente amigos) los mantiene unidos como a Pironio y Quarracino en Argentina.
Dice José Inocencio "Chencho" Alas, exsacerdote salvadoreño que los conoció a los dos: “El P. Rutilio no tenía barreras ideológicas, con todos era amable y servicial. Era un pastor al igual que San Óscar”.
Un tercer vistazo trata de explicar la relación Romero-Rutilio desde un punto de vista psicológico. Lo explica el P. Cardenal: “Se conocieron en el seminario, cuando los dos pasaban por malos momentos”. Era 1967, y Romero había sido nombrado tanto monseñor como secretario de la conferencia episcopal, trasladado de su provincia natal San Miguel después de veinte años ahí trabajando, a trabajar en la capital San Salvador donde no tenía aliados. El P. Grande le encuentra un lugar en el seminario, operado por los jesuitas, en cual Grande se estaba posicionando para ser el rector. Romero es nombrado obispo y le pide a Grande organizar la ceremonia de ordenación, cosa que hace con tanta atención a los detalles, que Romero, un infame detallista, queda eternamente impresionado. “En momentos muy culminantes de mi vida él estuvo muy cerca de mí y esos gestos jamás se olvidan”, recordaría Romero en sus funerales. (Hom. 14-mar.-1977.)
Sin embargo, Grande provoca al establecimiento con una homilía atrevida y pierde el favor para ser rector, mientras que Romero como obispo auxiliar también encuentra conflictos en su trabajo. Romero termina obispo de un área rural, y Grande pastor de una parroquia marginal. La generosidad de Grande con Romero y la mutua adversidad parece haber ligado a los dos clérigos, y tal vez también la similitud entre Grande y un amigo de la juventud de Romero, Mons. Rafael Valladares, quien también falleció antes de cumplir los 50 años (Valladares vivió a los 48 y Grande a los 49).
Una cuarta lectura, más espiritual pero relacionada a la primera, es la que ve a Grande como un profeta precursor de Romero—se ha hablado de Grande como Juan el Bautista, que anuncia la venida de uno aún más grande que él. El Papa Francisco también habla en términos espirituales cuando se refiere a Romero como “el primer milagro de Rutilio Grande”. El Cardenal Ángelo Amato, ex prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, al beatificar a Romero presentó a los dos mártires como integrantes de un ministerio compartido: después del asesinato de Grande en 1977, “los campesinos estaban ahora huérfanos de su padre bueno y Romero quiso tomar su puesto”. (Homilía, Beatificación, 23 de mayo del 2015.) Romero agarra el lugar de Grande para sustituirlo como el ‘Padre de los Campesinos’. Es una idea que encuentra expresión entre los fieles salvadoreños, que han asegurado escuchar el mismo tono profético de Grande en la prédica de Romero desde que comenzó a denunciar el asesinato. De todos modos, se supone una relación teológica, no solo de causa y efecto en el plano humano, sino que en el encuentro entre el actuar de los hombres y la providencia de Dios.
Finalmente, una quinta vista a la relación entre el P. Grande y el arzobispo Romero se basa en la primera lectura, pero la modifica según la demás información para lograr un análisis integral de los hechos: Sí---Rutilio Grande empujó a mons. Romero a la conversión, pero lo hizo desde antes de su asesinato. O sea, no fue solo la muerte de Rutilio que inspiró a Romero, sino también su vida. De hecho, Rutilio también sufrió su propia “conversión”, dejando la comodidad del seminario para sumergirse en la vida y la causa de los pobres. El mismo Papa Francisco destaca esa opción: “Dejó el centro para ir a las periferias. Fue un grande”. Rutilio también se radicalizó, cosa que se evidencia en su estilo de predicar a través de los años. Pero nunca se apartó de su misión sumamente eclesial: murió en ruta a hacer una novena de San José (así como Romero murió celebrando misa). Romero se dio cuenta, y de alguna manera se dejó impactar por el ejemplo.
Romero y Rutilio: ¿amigos, un par extraño, representantes de modelos enfrentados de Iglesia, profetas asociados, o ejemplar e imitador? Puede ser que cada uno de estos esquemas nos lleve un poco más cerca a la verdad sobre estos dos hombres que la Iglesia ahora propone como modelos de santidad.

Thursday, February 13, 2020

El «Quadragesimo Anno» de San Romero


[ English ]

Este año marca el cuadragésimo (40°) aniversario de la muerte martirial de San Óscar Romero. Por ello la Iglesia Salvadoreña ha declarado un Año Jubilar que comprende otros hitos en el martirologio salvadoreño, que espera contar este año con cuatro nueve beatos: el Padre Rutilio Grande y sus dos compañeros mártires, como también el Padre Cosme Spessotto, sacerdote italiano asesinado en 1980, para quien también se estarán marcando cuatro décadas de su martirio. Finalmente, este año también marca el 40° aniversario de las mujeres norteamericanas asesinadas por el ejército salvadoreño en diciembre de 1980, y el 50° aniversario del más antiguo mártir salvadoreño, el casi olvidado (pero recientemente recuperado) P. NicolásRodríguez, asesinado en 1970. Las fechas de todos estos mártires figuran en las conmemoraciones del Año Jubilar.

El mensaje de los obispos salvadoreños que anunciaba el Año Jubilar lo ubica en el contexto de varios temas pendientes en la sociedad salvadoreña, incluyendo “una auténtica Ley de Reconciliación Nacional” en el país centroamericano que vivió un fratricida conflicto armado entre 1980 y 1992. El espectro de ese conflicto ronda en el trasfondo de este aniversario, que por su connotación bíblica, implica un cambio de generaciones y se da cuando El Salvador ha elegido a un presidente no proveniente de los partidos políticos asociados con la guerra, sino de uno recién formado, con el nombre evocador de “Nuevas Ideas”. (Sin embargo, eventos en desarrollo en que el presidente tomó la Asamblea acompañado por una tropa han causado graves dudas en algunos sectores sobre la veracidad de los cambios.)

En la Iglesia, el 40° aniversario del martirio de Romero parece ser reinterpretada a la luz de cambios generacionales en la doctrina social de la Iglesia, cual bajo el magisterio del Papa Francisco (en el quinto aniversario de «Laudato Si» y el año de la publicación de la exhortación postsinodal «Querida Amazonía») se centra en consideraciones ambientales. No sorprende entonces que en el marco del Año Jubilar la Vicaría Padre Rutilio Grande de la Arquidiócesis de San Salvador presente un seminario titulado “Medio Ambiente a la Luz del Pensamiento de Monseñor Romero”. En Canadá, el Instituto Pastoral Dominicano ha titulado su conmemoración del 40° aniversario “Acción no violenta y crisis ecológica: Óscar Romero, una figura inspiradora para hoy”. Entre las necesidades nacionales resaltadas por los obispos es la necesidad de una ley para proteger el agua.

En Londres, la Romero Trust ha programado discursos en diversas ciudades del teólogo Edgardo Colón-Emeric, titulados “Romero 40 años después”. Colón-Emeric es el autor de un libro sobre la visión teológica de Romero, que encuentra su foco en el misterio de la transfiguración. Colón-Emeric espera que su obra inspire a los académicos a pensar en solidaridad con los pobres desde la visión de Romero, que se resume en su dicho: “Gloria Dei, vivens pauper”: “La gloria de Dios es que el pobre viva”. La propagación del pensamiento de Romero podría también abonar su eventual reconocimiento como un “Doctor de la Iglesia”.

En las causas de beatificación de los PP. Grande, Spessotto y compañeros mártires, este blog pronostica que habrán noticias ya para el aniversario Romero en marzo—posiblemente tan pronto como la próxima semana—lo que convertirá a Romero, el único santo canonizado de El Salvador, por el momento, en el patriarca de los mártires salvadoreños durante su Año Jubilar.

Wednesday, December 18, 2019

Romero para doctor - Informe 2019

San Romero figuró en el Sínodo Amazónico en octubre.

[ English ]

El movimiento en la postulación de cualquier candidato a Doctor de la Iglesia avanza a paso glacial y por ende hasta me pregunté si valía la pena ofrecer un balance de fin de año en el caso de San Óscar Arnulfo Romero, el mártir salvadoreño apenas canonizado en octubre de 2018. Obedeciendo a varios llamados que podríamos calificar de “dottore subito” (doctor inmediatamente), parecido a los llamados por la pronta canonización del Papa Juan Pablo II, el actual arzobispo de San Salvador pidió al Papa Francisco que iniciara un proceso para nombrar a Romero “Doctor de la Iglesia” el día después de su canonización.

No obstante la lentitud que acostumbradamente caracteriza los procesos, hay suficiente que reportar para justificar este informe. En primer lugar, Eminens Doctrina puede confirmar una previsible y no sorprendente aplicación de frenos a la solicitud de algunos sectores de abrir un proceso en el Vaticano, quizá para no tener una causa prematura, fuera de control. Las autoridades romanas han confirmado que es muy temprano para iniciar un proceso con cualquier seriedad, dado que la apertura de tal causa presume que las enseñanzas del candidato han tenido una difusión y absorción extensiva que para Mons. Romero todavía es demasiado temprano decir que ya sucedió.

Por otro lado, la muerte del P. Robert Pelton y del Arzobispo León Kalenga, los promotores más entusiastas de la causa, ha hecho del 2019 un annus horribilis para la causa doctoral. El P. Pelton propuso a Romero como un “Doctor Pastoral de la Iglesia Universal” en marzo del 2017.  La propuesta fue retomada en mayo de ese año por Mons. Kalenga, entonces Nuncio Apostólico en El Salvador, quien la presentó ante una asamblea del Concejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), “arrancando espontánea y efusivamente un gran y masivo aplauso”, según un informe del CELAM. Ambos habían seguido haciendo vítores por la causa desde sus puestos correspondientes. Incluso Mons. Kalenga, en su discurso de despedida cuando fue nombrado Nuncio en Argentina, dejó el tema pendiente como uno de los encargos para su sucesor.

Mons. Kalenga falleció el 12 de junio en Roma, después de una grave enfermedad. El prelado congoleño era canonista y tuvo afinidad con el Papa Francisco, quien lo nombró como su representante para su tierra de origen.  Esto debiera darle gran autoridad para promover la causa. De hecho, a Mons. Kalenga se le atribuye haber movilizado a la conferencia episcopal salvadoreña para promover la causa de beatificación y canonización del primer santo salvadoreño. Cuando el nuevo Nuncio en El Salvador, Mons. Santo Gangemi, celebró la Misa del primer aniversario de la canonización de Romero, en su extensiva homilía no habló de “Romero, doctor de la Iglesia”.

El P. Pelton falleció el 4 de noviembre a los 98 años. Entre sus proyectos pendientes, estaba elaborando una historia de la teología latinoamericana, en la que ubicaba tanto a Mons. Romero como al Papa Francisco. También quería establecer una junta asesora conformada por teólogos y estudiosos para coordinar investigaciones y estudios sobre Romero con el objetivo de proporcionar apoyo a la Iglesia Salvadoreña para promover la causa de Romero, doctor. Me consta porque el P. Pelton me había invitado a participar en el proyecto. Con su muerte, no queda nadie que me llame continuamente para platicar sobre Romero, Doctor de la Iglesia. Bien puede ser que algunos acepten mi llamada y platiquen con entusiasmo sobre el tema, pero ya no hay quien inicie tal llamada.

También falleció el 30 de agosto Robert Waldrop, fundador de la Casa del Trabajador Católico “Oscar Romero” de Oklahoma City, otro gran devoto del mártir salvadoreño. Aunque no fue ni clérigo, ni teólogo, ni estudioso, Waldrop ayudó a difundir la espiritualidad Romeriana. En el 2002, presentó “Siete Sermones de Oscar Romero para la Cuaresma”, una colección de fragmentos de homilías, agrupadas en siete grupos, que este blog publicará el próximo año. Waldrop también redactó oraciones y otras obras de espiritualidad en homenaje a Romero y a otros santos y héroes de la justicia social, incluyendo Dorothy Day y Stanley Rother, entre otros. Fue un gran luchador y un gran trabajador católico.

Pero no todas las noticias son desalentadoras. Un desarrollo positivo, importante ha sido que el influyente teólogo Gustavo Gutiérrez avale la idea de Romero, doctor, llamándola una iniciativa “excelente”. En la medida en que el P. Gutiérrez, “Padre de la Teología de la Liberación”, es un teólogo influyente, podría instar a otros teólogos a estudiar a Romero e incorporarlo en sus análisis, que ayudaría a avanzar la causa. El P. Gutiérrez ha experimentado una suerte de vindicación en Perú, donde recientemente fue otorgado un doctorado «honoris causa» y fue elogiado por el nuevo arzobispo de Lima Mons. Carlos Castillo (“Nos enseñó a ver la realidad con los ojos de los pobres”). Otra nota positiva que puede pasar desapercibida es la votación por la conferencia de obispos norteamericanos a favor de otorgar el título Doctor de la Iglesia al antiguo padre cristiano San Ireneo. El detalle está en que Ireneo fue un mártir, y su aceptación dejaría el campo libre a otros mártires, incluyendo a San Óscar Romero (hasta este momento no ha habido ningún doctor mártir).

El primer santo salvadoreño también tendrá compañía el año entrante, cuando Eminens Doctrina pronostica que habrá cuatro nuevos beatos—mártires todos—del país centroamericano. En el primer cuarto del año se puede esperar decretos favorables honrando al P. Rutilio Grande, S.J. y sus dos compañeros, Manuel Solórzano y Nelson Lemus, asesinados en 1977, como también del P. Cosme Spessotto, O.F.M, de origen italiano, pero asesinado en El Salvador en 1980. Los nuevos beatos levantarán el perfil de San Romero, ya que él encabeza el elenco. Como dijo Francisco en 2014: “hay otros que fueron asesinados, aunque no están a la altura de Romero”.

Finalmente, se le preguntó al Papa Francisco cuando regresaba de su reciente viaje a Asia si todavía pensaba publicar una encíclica sobre la guerra justa. Se ha pensado que esta incluiría alguna referencia a Romero, quien trató la no-violencia en su cuarta carta pastoral. “Sí, el proyecto está ahí, pero el próximo Papa lo hará, porque apenas tengo tiempo”, dijo Francisco con su acostumbrada franqueza. “Hay proyectos que están en los cajones…: uno sobre la paz, por ejemplo, está ahí, está madurando”. Otra cosa que ayudaría bastante a promover el doctorado, pero por el momento no hay movimiento.
Por tanto, 2019 nos aconseja moderar las expectativas y prepararnos para una larga espera.

Thursday, March 21, 2019

Gustavo Gutiérrez avala idea de Romero, doctor

El P. Gutiérrez en la celebración de sus 90 años.  Foto Caretas.pe.


El renombrado sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, O.P., llamado a veces el “Padre de la Teología de la Liberación”, ha dado su aval a la propuesta de San Óscar Romero como “Doctor de la Iglesia”.  Durante una intervención vía internet en un panel de la conferencia “Romero Days” en la Universidad de Notre Dame, Indiana, EEUU, el filósofo y teólogo calificó de “excelente” la idea.  San Romero fue un escritor prolífico, explicó el P. Gutiérrez, y se puede deducir mucho de sus obras.

En particular, según fuentes que participaron en el enlace, el P. Gutiérrez enfatizó que se debe emular el modelo de “ver, juzgar y actuar” utilizado por San Romero en un proceso de conversión que se desarrolló a través de varios años en cuales Romero se dejó guiar de las injusticias de las que fue testigo.  El P. Gutiérrez también reconoció que Romero no fue seguidor de corrientes liberacionistas y que tuvo su propio proceso de concientización con los pobres.  El sacerdote del orden dominicano también argumentó de que, más que escritos, se debe tomar en cuenta el amor al prójimo como algo que tiene “más valor que todas las teologías”.

En declaraciones previas, el P. Gutiérrez ya había dicho que “la historia de la Iglesia en América Latina se divide en antes y después de Monseñor Romero”.

La conferencia en Notre Dame, desarrollada por 30 años, ha sido un principal terreno de desove para la propuesta de Romero, Doctor; fue allí que el P. Robert Pelton propuso a Romero como un “Doctor Pastoral de la Iglesia Universal” en marzo del 2017.  La propuesta fue retomada en mayo de ese año por el entonces Nuncio Apostólico en El Salvador, Mons. León Kalenga, quien la presentó ante una asamblea del Concejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), “arrancando espontánea y efusivamente un gran y masivo aplauso”, según un informe del CELAM.  En la conferencia de marzo del 2018, el P. Steven Payne expuso sobre los retos y requisitos de la propuesta.  Finalmente, en octubre del 2018, el Arzobispo de San Salvador, Mons. José Luis Escobar Alas, solicitó la apertura de un proceso formal para lograr el reconocimiento en un discurso ante el Papa Francisco después de la canonización de Romero.

Análisis: El aval del P. Gutiérrez es un desarrollo importante en este proceso, que puede tomar varias décadas para llegar a su plenitud, pero no es en sí decisivo.  En cierto sentido, la opinión del P. Gutiérrez tiene peso por tratarse de un eminente teólogo, pero, al final de cuentas, es solamente la opinión de un teólogo, cuando lo que se necesita es un consenso colectivo de todos los teólogos y pastores de que Romero ha tenido impacto suficiente para ser reconocido.  No obstante, el respaldo del P. Gutiérrez demuestra que la propuesta de Romero, Doctor sigue percolando y ganando espacio.  Además, en la medida en que el P. Gutiérrez es un teólogo influyente, podría instar a otros teólogos a estudiar a Romero e incorporarlo en sus análisis.  Por ejemplo, se conoce que el P. Gutiérrez es amigo del Cardenal Gerhard Ludwig Müller, ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuyo apoyo podría ser importante.  En una intervención en Panamá, el Papa Francisco reveló haber concelebrado una Misa con el P. Gutiérrez y el prelado alemán.  Finalmente, la lógica que expresa el P. Gutiérrez en su valoración favorable confirma los argumentos expuestos por otros defensores de la propuesta.

En fin, la propuesta de Romero, doctor sigue ganando simpatizantes.

Sunday, March 10, 2019

San Romero citado por los papas

¿Cuál papa ha mencionado más a San Óscar Romero?


Cuando el Papa Francisco citó un largo fragmento de una homilía de San Óscar Romero en su discurso a un grupo de la Pontificia Comisión por la América Latina, fue la décima octava vez que el Papa latinoamericano se refería al mártir salvadoreño en una declaración oficial.  Esto lo convierte no solo en el Pontífice que más ha mencionado a San Romero; sino también lo ha hecho más que la suma de sus dos predecesores en conjunto.  San Juan Pablo II mencionó a Romero en público en ocho ocasiones;[i] Benedicto XVI en tres;[ii] y Francisco, dieciocho hasta la fecha.[iii]

La diferencia entre la cantidad de veces que cada papa ha mencionado a Romero se explica fácilmente a base de las circunstancias de cada pontificado.  A San Juan Pablo le tocó hablar de Romero cuando este fue asesinado, y las dos veces que el papa polaco visitó El Salvador; incluyendo, en ambas ocasiones, la Tumba de Romero (el único pontífice en hacerlo hasta la fecha).  Benedicto, en cambio, ascendió al trono de San Pedro un cuarto de siglo después del asesinato, y renunció el pontificado antes de que se concluyera el proceso de santidad de Romero (aunque fue él, quien lo impulsó a la recta final).  Finalmente, Francisco ha sido el Papa durante tanto la beatificación como también la canonización de Romero, y el que ha tenido que contextualizarlo.

Por otro lado, la diferencia entre Francisco y sus predecesores no ha sido solo la cantidad de menciones sino también la calidad de estas.  Juan Pablo y Benedicto mencionaron a Romero en términos generales, para retomar la figura de Romero de manera positiva, y también su martirio.  Ambos nos dejaron frases memorables: Juan Pablo describía a Mons. Romero como un “pastor celoso”. Benedicto resalta por su frase expurgada del registro—cuando dijo que personalmente no dudaba la santidad de Romero, autoridades vaticanas pensaron el pronunciamiento prematuro.

Francisco, por su parte, ha sido el primer papa en citar las palabras de Romero (el 7 de enero del 2015), el primero en citarlo como autoridad para establecer un dato (el 15 de noviembre del 2018), el primero en dedicar todo un documento a Romero (el 23 de mayo del 2015), y también el primero en dedicar un discurso entero a Romero (el 30 de octubre del 2015).

Las cinco referencias más significativas de Romero por el Papa Francisco han sido estas:

       La “Carta Apostólica” declarándolo Beato.  El texto resume los méritos del arzobispo que lo hacen digno de veneración en la Iglesia, por ser un: “Obispo y mártir, pastor según el corazón de Cristo, Evangelizador y padre de los pobres, [y] Testigo heroico del Reino de Dios, Reino de justicia, fraternidad y paz”.  El Cardenal Ángelo Amato explicó que estas palabras reconocían que Romero “amó a sus fieles y a sus sacerdotes con el afecto y con el martirio, dando la vida como ofrendo de reconciliación y de paz”.  Esto cambió el discurso completamente sobre Romero, especialmente en El Salvador. [Análisis adicional.] 
      La carta al Arzobispo de San Salvador para la Beatificación de Romero.  En este texto, Francisco presenta a Romero, en vida, como “imagen de Cristo Buen Pastor”, y ya Beato, como un “amigo en la fe” para “quienes lo invoquen como protector e intercesor, quienes admiren su figura, [y] encuentren en él fuerza y ánimo para construir el Reino de Dios”.  Francisco cita las palabras de Romero, diciendo que “Es necesario renunciar a «la violencia de la espada, la del odio», y vivir «la violencia del amor, la que dejo a Cristo clavado en una cruz, la que se hace cada uno para vencer sus egoísmos y para que no haya desigualdades tan crueles entre nosotros».” (Ver, Homilía, 27 de noviembre de 1977.) 
          Discurso ante peregrinos salvadoreños después de la beatificación. Como es cierto en muchos discursos del Papa Francisco, lo que hizo impacto de esta alocución no fueron las palabras del texto oficial preparado para la ocasión, sino la parte que el Pontífice añadió espontáneamente al final para reconocer que Romero había sido maltratado por la Iglesia.  “Yo era sacerdote joven y fui testigo de eso”, dijo el Papa con su característica franqueza: “fue difamado, calumniado, ensuciado, o sea que su martirio se continuó incluso por hermanos suyos en el sacerdocio y en el episcopado”. Las palabras llevaron al Arzobispo de San Salvador a pedir perdón públicamente por el maltrato de Romero. 
          Discurso ante los obispos centroamericanos durante la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá.  Francisco presentó a San Romero como un referente para los obispos: “Su vida y enseñanza”, dijo el Papa, “son fuente constante de inspiración para nuestras Iglesias y, de modo particular, para nosotros obispos”.  El Papa propuso el lema episcopal de Romero, “Sentir con la Iglesia”, como la “brújula que marcó su vida en fidelidad”, y que “expresa de manera clara su principio inspirador y lo que fue su vida de pastor”.  Francisco también señaló la “Kénosis” de Romero: su disponibilidad de vaciarse de todo rasgo del poder y de todo privilegio mundano, como guía para imitar más fielmente a Cristo. 
          Finalmente, el discurso ante la Academia de Lideres Católicos. Un mes después de rehabilitar al P. Ernesto Cardenal, sancionado por Juan Pablo II por integrarse al gobierno sandinista, Francisco reiteró que los cristianos deben priorizar su lealtad a la iglesia sobre cualquier otra, incluso a organizaciones políticas, citando lo que podríamos llamar la “Doctrina Romero”—un extenso fragmento de una homilía del santo, en que explica las responsabilidades en la ‘dimensión política de la fe’.  “En América Latina tenemos un santo que sabía bien de estas cosas”, dijo el Papa, asegurando que Romero elaboró su fórmula para los políticos cristianos “con la mente y el corazón puestos en Jesús y guiado por la Doctrina social de la Iglesia”.

Próximamente esperaremos ver a San Óscar Romero citado en alguna encíclica u otro documento del magisterio papal.  Esto indicaría que además de ser un gran mártir, San Romero es también un maestro del Concilio traducido en acción pastoral, como nos ha estado indicando el Papa Francisco en las referencias más recientes.









Monday, March 4, 2019

Papa cita a San Romero sobre dimensión política de la fe

Foto Vatican Insider / La Stampa.

[ English ]

En su discurso a un grupo de la Pontificia Comisión para América Latina el 4 de marzo del 2019, el Papa Francisco propuso a San Óscar A. Romero como referente para los líderes católicos del continente y citó un largo fragmento de una de sus homilías. [Texto del discurso aquí.]  Ha sido la segunda vez en lo que va del año, en que el Santo Padre ha citado extensivamente a San Romero, después de hacerlo ante los obispos centroamericanos en Panamá a finales de enero.

En sus palabras a la Academia de Lideres Católicos, un grupo de 26 participantes en un seminario de 9 días celebrado en Roma, Francisco instó a un nuevo acercamiento a la política en la América Latina que incorpore los principios de la doctrina social, incluyendo un concepto de identidad cristiana que coloque los principios evangélicos sobre los compromisos ideológicos.  En este contexto, el Papa citó a San Romero.

“En América Latina tenemos un santo que sabía bien de estas cosas”, dijo el Pontífice para presentar la citación de Romero.  “Supo vivir la fe como amistad y el compromiso con su pueblo hasta dar la vida por él”, dijo el Papa, introduciendo el contexto romeriano de la cita.

Aquí el papa insertó 220 palabras de la homilía del mártir salvadoreño del 6 de agosto de 1978, durante la fiesta patronal de El Salvador, en que Romero resumía el mensaje de su Tercera Carta Pastoral, “La Iglesia y las organizaciones políticas y populares”.

Estas son las palabras de San Romero citadas por el Papa Francisco:

La Iglesia no se puede identificar con ninguna organización, ni siquiera con aquellas que se califiquen y se sientan cristianas. La Iglesia no es la organización, ni la organización es la Iglesia. Si en un cristiano han crecido las dimensiones de la fe y de la vocación política, no se pueden identificar sin más las tareas de la fe y una determinada tarea política, ni mucho menos se pueden identificar Iglesia y organización. No se puede afirmar que solo dentro de una determinada organización se puede desarrollar la exigencia de la fe. No todo cristiano tiene vocación política, ni el cauce político es el único que lleva a una tarea de justicia. También hay otros modos de traducir la fe en un trabajo de justicia y de bien común. No se puede exigir a la Iglesia o a sus símbolos eclesiales que se conviertan en mecanismos de actividad política. Para ser buen político no se necesita ser cristiano, pero el cristiano metido en actividad política tiene obligación de confesar su fe. Y si en eso surgiera en este campo un conflicto entre la lealtad a su fe y la lealtad a la organización, el cristiano verdadero debe preferir su fe y demostrar que su lucha por la justicia es por la justicia del Reino de Dios, y no otra justicia.

El Santo Padre explicó que al pronunciar estas palabras, San Romero buscaba “que los fieles laicos fueran libres y no esclavos, para que reencontraran las razones por las que vale la pena hacer política pero desde el evangelio superando las ideologías”.

El Papa explicó que el obispo santo “veía a muchos laicos deseosos de cambiar las cosas pero que muchas veces se extraviaban con falsas respuestas de tipo ideológico. Con la mente y el corazón puestos en Jesús y guiado por la Doctrina social de la Iglesia, san Óscar Arnulfo Romero” hizo la ponencia citada por el Papa, explicó el mismo Pontífice.

Según el biógrafo de Romero, James R. Brockman, S.J., “La pregunta concreta para el pueblo de Romero” abordada en su Tercera Carta “era la relación de la Iglesia con las organizaciones campesinas y otras organizaciones políticas de base que estaban creciendo en El Salvador”.[i]

El teólogo salvadoreño-vasco Jon Sobrino, S.J. explica que la carta de Romero

aborda la relación de la Iglesia y las Organizaciones populares. Al nivel de principios, reconoce que es un problema nuevo por lo cual hay que estudiar bien esa relación. Hay que esclarecer la naturaleza propia de la Iglesia, insistir en que está al servicio del pueblo y debe insertarse en los esfuerzos liberadores. Y después aborda los problemas concretos que surgen de esta nueva situación: relación entre fe y política, unificación pero no identificación, lealtad del cristiano político a su fe, autenticidad, no instrumentalización, libertad: no se puede empujar a todos a la organización, lo específico de sacerdotes y laicos en colaboración jerárquica.[ii]

El argumento es importante para el pensamiento de Romero, tanto así que dedica un discurso pronunciado en la Universidad de Lovaina en febrero de 1980 a la “dimensión política de la fe desde la opción por los pobres”.  Es obvio que el Papa Francisco, al presentar a Romero y al extraer estas líneas de su pensamiento, comprende perfectamente bien su importancia.

El Papa ha estado desprendiendo mensajes de las enseñanzas de Romero desde comenzar el año.  Después de haberlo citado ante los obispos centroamericanos durante la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, proponiéndolo como ejemplo pastoral, también expresó su propia devoción romeriana en palabras que fueron publicadas después de la conclusión del viaje.

El 26 de enero de 2019, Francisco se encontró con 30 jesuitas de la provincia centroamericana, a quienes dijo “En la entrada de mi cuarto tengo un marco que contiene un pedazo de tela ensangrentada de Romero y los apuntes de una catequesis de Rutilio [Grande]”.[iii]









[i] “Pastoral Teaching of Archbishop Oscar Romero,” (“La Enseñanza Pastoral de Mons. Óscar Romero”), Spirituality Today, Verano 1988, Vol.40 N º 2.  Disponible en línea en: https://opcentral.org/resources/2015/01/19/james-r-brockman-pastoral-teaching-of-archbishop-oscar-romero/.
[ii] “Tres Cartas Pastorales de Monseñor Romero en la fiesta del Divino Salvador”, Carta a las Iglesias, 20 de julio del 2012.  Disponible en línea en: http://www.uca.edu.sv/publica/cartas/media/archivo/e2434e_pag18cartaspastoralesderomero.pdf.
[iii] “Jugarse la vida,” Civiltà Cattolica, 14 de febrero del 2019.  Disponible en linea en: https://www.civiltacattolica-ib.com/jugarse-la-vida-jesuitas-centroamericanos/.

Monday, January 28, 2019

«De la mano de San Óscar»

Francisco debajo de una pantalla con la imagen de San Óscar Romero durante la JMJ en Panamá.

[ English ]

En su discurso al Secretariado Episcopal de América Central (SEDAC) el 24 de enero del 2019, el Papa Francisco propuso a San Óscar A. Romero como modelo para los obispos de la región. [Texto del discurso aquí; y buenos resúmenes en español aquí, y en inglés aquí.]  El Canciller de la República de El Salvador Carlos Castaneda declaró que Francisco había presentado a Romero “como una de las personalidades más grandes del mundo, un guía espiritual por excelencia”, en tal discurso.  [Ver también: Romero para Doctor de la Iglesia; los otros doctores.]

Admiración papal

Presentando a Romero, Francisco puso en evidencia su gran admiración por el santo.  Francisco dijo ante el SEDAC que quería proceder no solo “bajo la figura de Romero”, sino “de la mano de san Óscar”, “a quien tuve el privilegio de canonizar”.  Más tarde, dirigiéndose a los jóvenes reunidos para el encuentro, Francisco puso en evidencia otra vez su entusiasmo por Romero.

“A un santo de estas tierras”, empezó a decir el Papa a la juventud bulliciosa; pero primero pidió atención: “escuchen esto”.  Después siguió: “a un santo de estas tierras le gustaba decir: «El cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, o de prohibiciones».”[i]  Eran palabras de Romero. Francisco completó la cita: «Así, el cristianismo resulta muy repugnante.[ii] El cristianismo es una Persona que me amó tanto, que reclama y pide mi amor. El cristianismo es Cristo».[iii]  (Homilía, 6 noviembre 1977.) De hecho, le gustó tanto la frase que pidió a los jóvenes que repitieran tres veces: “¡El cristianismo es Cristo!”.


Actualización: de regreso en Roma, el Papa les dijo a los peregrinos en su Audiencia General del 30 de enero del 2019 que él y los obispos centroamericanos “nos dejamos enseñar por el testimonio del santo obispo Oscar Romero” durante su encuentro.

El discurso ante el SEDAC citó diversas homilías romerianas, además de ejemplos de su vida. El texto debe situarse también a la par de otros pronunciamientos de Francisco sobre Romero, especialmente su carta a los obispos salvadoreños para la beatificación de Romero, y sus palabras dirigidas a peregrinos salvadoreños en Roma en octubre del 2015, y octubre del 2018.

Un padre latinoamericano

A los peregrinos el octubre pasado, Francisco dijo que Romero es “un pastor insigne del continente americano”, y efectivamente ante el SEDAC lo estaba presentando como un padre de la iglesia en el continente.  “Apelar a la figura de Romero es apelar a la santidad y al carácter profético que vive en el ADN de vuestras Iglesias particulares”, declaró Francisco a los obispos centroamericanos.

Ya desde su beatificación, Francisco escribía a los obispos salvadoreños que era un “día de fiesta para la Nación salvadoreña, y también para los países hermanos latinoamericanos”.  Esta palabra se concretizó en Panamá, donde Francisco colocó una reliquia de Romero en el altar de la catedral más vieja del continente, a la par de los santos latinoamericanos más destacados, San Martín de Porres y Santa Rosa de Lima.

Un modelo de obispo

Sobre todo, Francisco ha presentado a Romero como un modelo para los obispos.  Lo hizo en octubre, en medio del sínodo de obispos, cuando Francisco presentó a Romero “a mis hermanos en el Episcopado”, como “un ejemplo y un estímulo en el ministerio que les ha sido confiado”.

En Panamá esto ha sido puesto dentro de un enfoque más acertado. “Su vida y enseñanza”, dijo Francisco—hablando de Romero—“son fuente constante de inspiración para nuestras Iglesias y, de modo particular, para nosotros obispos”.  Es notable también que Francisco identifique dos elementos distintos: “su vida y enseñanza”.  Su vida ya ha sido consagrada como digna de admiración, porque vivió como santo y murió como un mártir.  Pero Francisco está señalando su enseñanza como otro aspecto importante de su legado.

En particular, Francisco destaca a Romero como un ejemplar de cómo hacer pastoral: “Una vara un poco alta, pero vara al fin para evaluar nuestro corazón episcopal”, dijo al SEDAC.

Sobre este punto parece haber coincidencia ecuménica: para la canonización, el arzobispo de Canterbury escribió al Pontífice que Romero era “un verdadero ejemplo para todos los cristianos, y particularmente para nuestros compañeros en el episcopado”.

Sentir Con La Iglesia

La primera “enseñanza” de Romero que Francisco medita con el SEDAC es su lema episcopal (“Sentir con la Iglesia”), el cual, según Francisco, “expresa de manera clara su principio inspirador y lo que fue su vida de pastor”.

Francisco lo declara una “brújula que marcó su vida en fidelidad”.  De hecho, Romero dijo en su vez que su lema episcopal “concretamente significa apego incondicional a la Jerarquía” (Chaparrastique, 1965).  De la misma manera, Francisco defiende a Romero de toda acusación de desvío: “No fue ideólogo ni ideológico; su actuar nació de una compenetración con los documentos conciliares”.

Pero el “Sentir con la Iglesia” de Romero no termina con el estudio y la aceptación teórica de los textos adoptados por la jerarquía en el Concilio Vaticano II.  “Iluminado desde este horizonte eclesial”, dice Francisco, “sentir con la Iglesia es para Romero contemplarla como Pueblo de Dios”.

Lo ingenioso de Romero es que transforma su “sentir” jerárquico y ortodoxo a un “sentir” amplio y popular.  Se vuelve apertura al sufrimiento de su pueblo, a la escucha de sus ansias y aspiraciones, y a la identificación y cercanía con sus sacerdotes (ejemplo señalado por Francisco: Padre Rutilio Grande).

Iglesia de la Kénosis

La gran innovación de Francisco en el SEDAC fue en presentar a Romero como el gran maestro sobre la Iglesia de la kénosis de Cristo (es decir, su despojo voluntario de su divinidad para asumir una identificación total con la humanidad en la encarnación).  Llevar esa kénosis, dijo Romero, y lo repitió Francisco, significa despojarse la Iglesia de todos los rasgos del poder y los privilegios mundanos.

Romero lo explica explícitamente en una homilía del 1 de octubre de 1978.  Romero habla de la kénosis para explicar el abandono por los papas posconciliares de los símbolos del poder: la coronación, la tiara, la silla gestatoria; y de Romero al vivir en un hospital de cancerosos e identificarse con los pobres.  Es interesante porque Francisco ha retomado esta opción de manera decidida al no usar los apartamentos papales, ni las vestimentas más vistosas, y al querer hacerse más cercano a “las periferias existenciales” que a los centros del poder.

Aparte de evidenciar un profundo conocimiento, por parte del Papa, de los pronunciamientos del obispo mártir, la propuesta también cuenta con una fundamentación sólida en el desarrollo doctrinal de Romero.  Una nota del biógrafo de Romero, el P. James R. Brockman, constata que Romero evolucionó de ser un rigoroso ascético que se privaba de los excesos sensuales hasta convertirse en alguien que buscó vaciarse de si mismo para aceptar maduramente la voluntad de Dios. [iv]

En su histórico discurso ante el SEDAC, Francisco ha colocado a San Óscar Romero como un verdadero estandarte para la Iglesia Latinoamericana, cuyas enseñanzas deben incorporarse al magisterio continental.

(En la Fiesta de Santo Tomás de Aquino)



[i] Compárese: Benedicto XVI, pronunciamiento del 5 de agosto de 2006: “el cristianismo, el catolicismo no es un cúmulo de prohibiciones, sino una opción positiva ... Se ha hablado mucho de lo que no está permitido, y ahora hay que decir:  Pero nosotros tenemos una idea positiva que proponer”.
[ii] Vease Tambien: Benedicto XVI, «DEUS CARISTAS EST», número 3: “la Iglesia, con sus preceptos y prohibiciones, ¿no convierte acaso en amargo lo más hermoso de la vida?”
[iii] Benedicto XVI, Op. Cit., número 1: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.
[iv] James R. Brockman, S.J., “The Spiritual Journey of Oscar Romero” (“La trayectoria espiritual de Óscar Romero”), Spirituality Today, invierno 1990, Vol. 42 No. 4 303-322, disponible aqui: https://opcentral.org/resources/2015/01/21/james-r-brockman-s-j-the-spiritual-journey-of-oscar-romero/#4.

Make Romero a Doctor, El Salv. bishops ask Pope

  [ESPAÑOL] During a joint visit by the bishops of El Salvador to Pope Leo XIV on September 11, 2026—known as an “ ad limina apostolorum ”...