Tuesday, March 24, 2020

Romero’s Fortieth, online


[ Español ]



Today’s 40th anniversary of the martyrdom of St. Oscar Romero has been a subdued affair, given the state of affairs with the COVID-19 pandemic, which has put El Salvador under one of the strictest quarantines in the world (mostly preventative; there are relatively few cases). As a result of this situation, commemorations are largely private affairs, with masses and vigils that usually take to the streets going online this year. So too are private reflections, and I want to share my own with you.

My main reflection this year is a piece I wrote for Catholic News Service, in which I reflect on the passage of forty years and the biblical significance of that period of time. In the Bible, forty years represents a generational change, a time when people who may have been around originally have passed away, resulting in a change in the spirit, atmosphere or dynamics of a situation. Using this standard, we can look at the world in which St. Romero died, and our own world, and recognize many significant changes.

Few places are those changes more remarkable than in El Salvador. In a post on El Salvador Perspectives, I lay out the changes in El Salvador which accompanied Romero’s changing fortunes, as he went from a taboo subject to an ubiquitous presence that nonetheless seems “hidden in plain sight.” It was very special to write this piece because the blog’s author, Tim Muth, was an early and consistent supporter of my own blogs.

Writing for El Salvador under quarantine is as unique an angle as I have ever had to consider, but that angle was put in even more intense focus in a post I wrote for Where Peter Is, a new influential Catholic site of associated pro-Francis bloggers. In this post, I defended the Church’s decision to cancel public masses in favor of broadcasted or webcasted masses, using St. Oscar as a reference point, in particular certain aspects of martyrdom which are misunderstood by some hardliners.

Here, in my own blog, I posted Spanish-language pieces intended for a Salvadoran audience on the 40th anniversary of Romero’s last Sunday sermon (the so-called “Fire Sermon” in which he exclaimed, “Stop the repression!”) yesterday, and a piece today about commemorating Romero in an intimate, family setting (as opposed to in a large gathering, as had typically been the case). I also shared this paper cut-out of a Romero light for home use!

Finally, the Vatican also was ‘Johnny on the Spot’ this year, with Vatican News stories and a video, in English, Spanish and Italian, on Romero’s legacy on the 40th anniversary of his martyrdom. The Congregation for the Causes of Saints also disseminated its robust page on Romero, including materials from his beatification and canonization (so far, only in Italian).

I will update other sources, to include other notable reflections authored by others.

San Romero — Cuarenta & Cuarentena


[ English ]

Una ramita de romero en casa, y al santo en el corazón”. Con ese eslogan, el Cardenal Gregorio Rosa Chávez promovía hace un par de años una peregrinación al pueblo natal de San Óscar Romero, invitando al mismo tiempo a los fieles a sembrar la planta aromática que lleva su nombre en cada hogar. Sin saberlo, el purpurado estaba preparando la celebración del 40° aniversario del martirio de Romero que se marca hoy en El Salvador sin misas públicas, sin procesiones, sin conciertos—todas las actividades acostumbradas para un aniversario de Romero—a causa del Coronavirus. (El cardenal está, de hecho, guardando cuarentena por haber viajado afuera del país y haber estado obligado a hacerlo al volver.)
Para este magno aniversario, se les ha pedido a los salvadoreños conmemorar a Romero en casa: poniendo velas en las ventanas, aflorando un altar, subiendo una selfie con su homenaje. De hecho es “Romero en casa y el santo en el corazón”.
Ha de ser la celebración de Romero más intima que se ha tenido, y esto ofrece muchas posibilidades más que todo espirituales para los salvadoreños. En primer lugar, se trata del 40° aniversario, un plazo que tiene gran significado en la Biblia. En el Viejo Testamento, es un periodo generacional, que marca un cambio de épocas. Por ejemplo, Dios exilia los israelitas al desierto por ese tiempo, “hasta que fue acabada toda la generación de los que habían hecho mal ante los ojos del Señor” (Números 32, 13). La pandémica del COVID-19 tiene todas las marcas de un episodio apocalíptico, y la cuarentena en que se celebra este aniversario aproxima un exilio. También hace pensar de la Pascua judía, el Pésaj, cuando la muerte “saltó” las casas de los justos que pintaron sus puertas con la sangre de un cordero. Quizá los salvadoreños que pongan velas para recordar la sangre de Romero puedan esperar que esta plaga salte sus umbrales.
En segundo lugar, la intimidad de esta conmemoración hará de ella necesariamente una ocasión básicamente familiar. La beatificación de Romero en El Salvador reunió a un mar de fieles; su canonización en Roma también fue multitudinaria, como lo han sido las procesiones y grandes liturgias que siempre han marcado la fecha de su martirio. Han sido ocasiones internacionales en su alcance, y ciertamente nacionales: del pueblo. Esta vez no. Esto quedará en familia, y eso cambia radicalmente el carácter de los que se celebra. Puede ser de verdad “Romero en casa y el santo en el corazón”. Las posibilidades son grandes. Cabe que una abuela o abuelo hable por primera vez abiertamente con sus nietos sobre Romero, sobre la guerra, sobre aquellas cosas que jamás se han dicho: que fulano fue partidario de la derecha, que tu tío mengano fue de la guerrilla, y cosas de ese estilo. Esto puede ser así muy grande.
Finalmente, en tercer lugar, el ambiente sombrío de este aniversario tiene mucho en común con la época del asesinato de Mons. Romero. La generación que no había nacido cuando San Romero ofrendó su vida puede probar la amargura de estar escondidos, sin poder salir, en un ambiente de pavor, de muerte, bajo Estado de Sitio. Y tal como Romero ayudo a la generación anterior a vivir su hora negra señalando los acontecimientos en la Biblia y las enseñanzas de los antiguos profetas, ahora esta generación puede dejarse guiar del profeta que vivió en El Salvador antes de que ellos nacieran.
Romero en casa y el santo en el corazón”.

Monday, March 23, 2020

De los 40 años desde ‘El sermón del fuego’


[ English ]

Hace cuarenta años, Mons. Romero pronunció su inmortal homilía del Quinto Domingo de Cuaresma del ciclo litúrgico “C”. La llamo así porque seguramente Romero así ideó su sermón basado principalmente en la parábola de la adúltera que iba a ser apedreada, aunque el resto del mundo recuerda la homilía por su dramática frase culminante, “¡Cese la represión!” Esta breve reflexión sobre la última homilía dominical de Romero busca recordar su contexto teológico, repasar su impacto social y analizar la aplicabilidad del mensaje a nuestro momento.

Primero, vale recordar el marco de referencia que el mismo Romero dio a su homilía. Al presentarla, Romero trazó los puntos esenciales de su homilía, titulada “La Iglesia, un Servicio de Liberación Personal, Comunitaria, Trascendente”, así:

Estos tres calificativos marcan los tres pensamientos de la homilía de hoy: 
1º. La dignidad de la persona es lo primero que urge liberar. 
2º. Dios quiere salvar a todo el pueblo. 
3º. La trascendencia da a la liberación su verdadera y definitiva dimensión.
Es evidente que Romero quería desprender de la parábola de la adúltera la lección de que la ley no se puede aplicar arbitrariamente, sin tomar en cuenta la dignidad humana. Los que acusaban a la mujer estaban dispuestos a apedrearla sin más, a aplicar la ley sin la misericordia o cualquier otra consideración para evitar su muerte. En cambio, Jesús la defiende y acusa a los acusadores: ‘Aquel que esté sin pecado, que tire la primera piedra’. Para Romero, esto implica toda una serie de conclusiones que derivan del concepto “La ley para el hombre, no el hombre para la ley”. No se puede hacer caer sobre la dignidad de las personas ideologías—ya sean marxistas o capitalistas—o legalismos, ni mucho menos ordenes de seguridad nacional para reprimir el pueblo. Desde esa línea de pensamiento deriva directamente la famosa frase final: “En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!

Esta frase ha tenido un impacto tremendo. Inmediato. Al siguiente día, Mons. Romero fue asesinado, se cree, basado en esta frase. He oído a expertos que dicen que al escuchar las palabras pronunciadas por Mons. Romero inmediatamente presumieron que sería asesinado—es más, algunos de los que lo aconsejaban al arzobispo le rogaron no pronunciar estas palabras ya que presentían el grave peligro que resultaría. La valentía de Romero en pronunciarlas es parte de la potencia de las palabras. “¡Nadie hará callar tu última homilía!”, declaro don Pedro Casaldáliga en su famoso poema. La frase ‘¡Cese la represión!’ ha sido reproducida en camisetas, stickers, y consignas y ha sido hasta transmitida a alto volumen hacia instalaciones militares estadounidenses. El activista John Dear ha calificado la homilía como la más grande interpelación por la justicia social en la historia de la Iglesia latinoamericana desde el sermón de Fray Antonio Montesinos en defensa de los indígenas en 1511.

Aquí una pequeña corrección: la frase ha sido históricamente interpretada como una invitación a la desobediencia, incluso en su momento, la dictadura salvadoreña dedujo que Romero estaba haciendo un llamado a la insubordinación de los soldados contra sus superiores, que podía provocar una sublevación formal. Esa interpretación se entiende, ya que Romero deja claro que los soldados deben desacatar ordenes inmorales: “Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla”. Sin embargo, el punto de referencia correcto NO sería la rebeldía sino que la obediencia: la obligación. El punto no es llamar a la gente a desobedecer a nadie, sino llamar a todos a OBEDECER A DIOS. Se trata de la primacía de la ley de Dios: “ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la Ley de Dios,” dice Romero (el énfasis es mío). Esto deja entrever que la lección tiene un aspecto positivo (obedecer la ley de Dios) y un aspecto negativo (desobedecer la ley del hombre cuando esta contradice la ley de Dios).

Esto nos trae a nuestro momento. Es interesante ver los paralelos: un sentido de crisis, una escala ascendiente en espiral de muerte. En el segmento de la vida nacional de la homilía, Romero hace un catálogo detallado de las muertes: 600 muertos identificados por Amnistía Internacional tras una exhumación de cadáveres, 140 muertos por un Estado de Sitio que vio varios enfrentamientos incluyendo un tiroteo contra la Universidad de El Salvador, 9 campesinos muertos en la población de San Bartolo Tecoluca, 25 campesinos muertos en San Pablo Tacachico, y varios otros casos que Romero informa que incluyen muertes y asesinatos en Arcatao, en Calera de Jutiapa, en El Jocote, en Mogotes Tacachico, y en la UCA. Una verdadera “pandémica”. Ante todos estos, Romero proclama que “la Pascua es grito de victoria, que nadie puede apagar aquella vida que Cristo resucitó y que ya la muerte, ni todos los signos de muerte … podrán vencer” (el énfasis es mío).

También vemos en los dos casos—el de entonces y el de hoy—un paralelo en el actuar del estado, la imposición de la ley, la intervención fuerte de un gobierno. Estado de Sitio. Las calles patrulladas. Las fuerzas del gobierno desplegadas por todo el territorio, imponiendo la voluntad estatal. Hasta algunos han sentido el instinto de la rebeldía: el querer desobedecer. Aquí es donde se tiene que analizar bien lo que dijo Romero: diferenciar la intención de la ley, de la orden que se enfrenta: ¿es orden para matar, o es orden para el bien común? ¿Es orden que ofende la dignidad de la persona, o es una ley que quiere salvaguardar el bienestar del pueblo?

Aquí repito a Romero:

Estos tres calificativos marcan los tres pensamientos de la homilía de hoy: 
1º. La dignidad de la persona es lo primero que urge liberar. 
2º. Dios quiere salvar a todo el pueblo. 
3º. La trascendencia da a la liberación su verdadera y definitiva dimensión.

Los principios aplican—porque son eternos y universales—pero hay que saber aplicarlos. Siempre desobedecer a algo implica obedecer a algo.

Saturday, February 29, 2020

Romero and Rutilio

“The Great Amen” by Peter Bridgman




The announcement of the approval of the martyrdom of the Salvadoran Fr. Rutilio Grande highlights the friendship of this new personality headed to the altars with the most famous Salvadoran martyr Saint Oscar Romero. The two men were friends, and the martyrdom of the now venerable P. Grande in 1977 is seen as the trigger for the martyrdom of St. Romero three years later. In this post, we will see that the truth is a multi-layered story, which turns on the mystery of the enigmatic friendship between a conservative bishop and a progressive, younger priest.

The first take on the relationship between Romero and Grande comes through sources such as the “Romero” movie (1989), which portrays the murder of the priest as moving the archbishop such that it leads to a “conversion” in his way of analyzing Salvadoran reality, and eventually leads to his own martyrdom. “It is impossible to understand Romero without understanding Rutilio Grande,” says Archbishop Vincenzo Paglia, the Roman postulator of Romero’s canonization cause. Although most people familiar with the subject would consider it an exaggeration to say that the death of Grande was the only factor in Romero’s “conversion,” it is generally acknowledged that the murder provided a substantial boost to a process that was many years in the making. At a minimum, it helped Romero recognize the injustice of repression when it befell a priest he knew and about whom it would be hard to say that he instigated violence or deserved such a brutal death.

We cannot imagine Father Grande,” Romero said six months after his death, “hating, asking for vengeance or inciting violence.  These words were the slanderous words of his assassins.  Those who knew him know that it was impossible for him to have feelings of hatred in his heart even though his assassins were able to and continue to imagine such a reality.” (November 1, 1977 Homily.)

A second way of analyzing the relationship between Romero and Grande is from the interpersonal standpoint: two human beings and their friendship. But, like “The Odd Couple” in Neil Simon’s play, Romero and Grande come across like characters who should not be friends. This is the central mystery of their friendship: Romero got along well with Grande precisely at a time when he alienated himself from the young progressive clergy in San Salvador, in the early 1970s, and when he had a conflictive relationship with the Jesuits (Grande was a Jesuit). Father Rodolfo Cardenal, SJ, historian of Father Grande’s beatification cause, admits that “there is not much information on the development of the friendship.” Therefore, it is not known precisely how they met, what they had in common, and what kept them together: “But there is evidence that [their friendship] was strong and ran deep.”

In her book, Rutilio Grande: A Table for All, Rhina Guidos presents Rutilio and Romero as two sides of the coin in relation to the Church. They perfectly embody the two currents in conflict in the Latin American Church after the Second Vatican Council: Rutilio with his broad and reformist vision, and Romero with an approach attached to hierarchy and tradition. However, honor, love for the Church and genuine loyalty (because they were real friends) keeps them together, like Pironio and Quarracino in Argentina.

José Inocencio “Chencho” Alas, a former Salvadoran priest who met them both, says: “Father Rutilio had no ideological barriers, he was kind and helpful to everyone. He was a pastor just like Saint Oscar. “

A third approach tries to explain the Romero-Rutilio relationship from a psychological point of view. Father Cardenal explains: “They met at the seminary, at a time when both were going through difficult times.” It was 1967, and Romero had been both named a monsignor and secretary of the episcopal conference, transferred from his home province of San Miguel after twenty years working there, to work in the capital San Salvador where he had no allies. Father Grande finds him a room in the seminary, which was run by the Jesuits, in which Grande was positioning himself to become the rector. Romero is made a bishop and he asks Grande to organize the ordination ceremony, which he does with such attention to detail, that Romero, an infamous perfectionist, is eternally impressed. “At culminating moments in my life, he was very close to me and I will never forget his gestures of friendship,” Romero would remember at Grande’s funeral. (Hom. 14-Mar.-1977; see also dramatization from “Romero” film.)

However, Grande provokes the establishment with a bold homily and loses the favor to become the rector, while Romero also finds conflict in his work as auxiliary bishop. Romero ends up bishop of a rural diocese, and Grande pastor of a marginal parish. Grande’s generosity with Romero, and their mutual adversity seems to have linked the two clerics, and perhaps also the similarity between Grande and a friend from Romero’s youth, Msgr. Rafael Valladares, who also passed away before he turned 50 (Valladares died at 48 and Grande at 49).

A fourth reading, more spiritual but related to the first, is the one that sees Grande as a precursor prophet for Romero — there has been talk of Grande as John the Baptist, who announces the coming of one greater than he. Pope Francis also speaks in spiritual terms when he refers to Romero as “Rutilio Grande’s first miracle.” Cardinal Angelo Amato, former prefect of the Congregation for the Causes of Saints, presented the two martyrs as partners in a shared ministry when he beatified Romero: after the assassination of Grande in 1977, “the peasants were now orphaned of their good father and Romero wished to take his post.” (Beatification Homily, May 23, 2015.) Romero takes Grande’s place to sub in as ‘Father of the Peasants.’ It is an idea echoed among the Salvadoran faithful, who claim they heard Grande’s prophetic tone in Romero’s preaching as soon as he began to denounce the assassination. In any case, a theological relationship is attributed, not just one of cause and effect on the human plane, but also in the encounter between the actions of men and the providence of God.

Finally, a fifth view of the relationship between Fr. Grande and Archbishop Romero is based on the first perspective, but modifies it to account for the remaining information, to reach an integral analysis of the facts: Yes --- Rutilio Grande pushed Abp. Romero to conversion, but he did so from before his assassination. In other words, it was not only Rutilio’s death that inspired Romero, but also his life. In fact, Rutilio also underwent a sort of “conversion” of his own, leaving the comfort of the seminary to immerse himself in the life and cause of the poor. Pope Francis himself highlights that option: “He left the 'center' to move to the outskirts. He was a great one.” Rutilio was also radicalized, which is evidenced in his style of preaching through the years. But he never departed from his essentially ecclesial mission: he died en route to celebrate a St. Joseph novena (just as Romero died celebrating mass). Romero took note of it, and he was impacted by the example.

Romero and Rutilio: friends, an odd couple, embodiments of competing Church models, associate prophets, or a template and imitator? It may be that each of these paradigms takes us a little closer to the truth about these two men that the Church now proposes as models of holiness.

Romero y Rutilio

El Gran Amén” de Peter Bridgman

[ English ]

El anuncio de la aprobación del martirio del P. Rutilio Grande ha puesto en relieve la amistad entre este nuevo personaje que va rumbo a los altares y el más famoso mártir salvadoreño San Óscar Romero. Los dos eran amigos, y el martirio del ahora venerable P. Grande en 1977 ha llegado a ser visto como el detonante para el martirio de san Romero tres años después. En esta nota veremos que la verdad es una historia de varias capas, que envuelven el misterio de la enigmática amistad entre un obispo conservador y un cura ‘progre’.
La primera toma de la relación entre Romero y Grande viene a través de fuentes como la película “Romero” (1989) en cual el asesinato del sacerdote conmueve tanto al arzobispo que le provoca una “conversión” en su manera de analizar la realidad salvadoreña y lo conduce a su propio martirio. “Es imposible comprender a Romero sin comprender a Rutilio Grande”, afirma monseñor Vincenzo Paglia, el arzobispo postulador romano de la causa de canonización de Romero. Si bien la mayoría de los conocedores del tema consideran que es una exageración decir que la muerte de Grande fue el único factor en la “conversión” de Romero, casi todos reconocen que el asesinato dio un gran impulso a un proceso que ya venía en desarrollo desde muchos años. Como mínimo, le ayudó a Romero reconocer la injusticia de la represión cuando le cayó sobre un sacerdote que conocía y que difícilmente se podía acusar de haber provocado la violencia o haber merecido una muerte tan brutal.
No podemos imaginar al Padre Grande”, dijo Romero a seis meses de su muerte, “odiando, pidiendo venganza, azuzando a la violencia, como se le calumnió. El que lo conoció sabe que aquel corazón era imposible para estos sentimientos de odio, que los vulgares asesinos se pueden imaginar y lo imaginan, en su corazón de sacerdote y de apóstol”. (Homilía del 1 de noviembre de 1977.)
Una segunda forma de analizar la relación entre Romero y Grande es desde el punto de vista interpersonal: dos seres humanos y su amistad. Pero como “La Pareja Extraña” de la obra teatral de Neil Simon, Romero y Grande nos parecen personajes que no deberían ser amigos. Esto es el misterio central de su amistad: Romero se llevó bien con Grande precisamente en un momento en que se enajenó del clero joven progresista en San Salvador, a principios de la década de los 70, y que se enemistó con los jesuitas (Grande era jesuita). El P. Rodolfo Cardenal, SJ, historiador de la causa de beatificación del P. Grande, admite que “no hay muchos datos sobre el desarrollo de la amistad”. Por ende, no se sabe con precisión cómo se conocieron, que cosas tenían en común, y qué fue lo que los unía: “Pero hay evidencia de que [su amistad] era fuerte y profunda”.
En su libro, Rutilio Grande: A Table for All (“Rutilio Grande: Una Mesa Para Todos”), Rhina Guidos presenta a Rutilio y Romero como dos caras de una moneda en cuanto a la Iglesia se refiere. Encarnan a cabalidad las dos corrientes en conflicto en la Iglesia Latinoamericana después del Concilio Vaticano Segundo: Rutilio con su visión amplia y reformista, y Romero con un acercamiento apegado a la jerarquía y la tradición. Sin embargo, el honor, el amor a la Iglesia y la verdadera fidelidad (siendo verdaderamente amigos) los mantiene unidos como a Pironio y Quarracino en Argentina.
Dice José Inocencio "Chencho" Alas, exsacerdote salvadoreño que los conoció a los dos: “El P. Rutilio no tenía barreras ideológicas, con todos era amable y servicial. Era un pastor al igual que San Óscar”.
Un tercer vistazo trata de explicar la relación Romero-Rutilio desde un punto de vista psicológico. Lo explica el P. Cardenal: “Se conocieron en el seminario, cuando los dos pasaban por malos momentos”. Era 1967, y Romero había sido nombrado tanto monseñor como secretario de la conferencia episcopal, trasladado de su provincia natal San Miguel después de veinte años ahí trabajando, a trabajar en la capital San Salvador donde no tenía aliados. El P. Grande le encuentra un lugar en el seminario, operado por los jesuitas, en cual Grande se estaba posicionando para ser el rector. Romero es nombrado obispo y le pide a Grande organizar la ceremonia de ordenación, cosa que hace con tanta atención a los detalles, que Romero, un infame detallista, queda eternamente impresionado. “En momentos muy culminantes de mi vida él estuvo muy cerca de mí y esos gestos jamás se olvidan”, recordaría Romero en sus funerales. (Hom. 14-mar.-1977.)
Sin embargo, Grande provoca al establecimiento con una homilía atrevida y pierde el favor para ser rector, mientras que Romero como obispo auxiliar también encuentra conflictos en su trabajo. Romero termina obispo de un área rural, y Grande pastor de una parroquia marginal. La generosidad de Grande con Romero y la mutua adversidad parece haber ligado a los dos clérigos, y tal vez también la similitud entre Grande y un amigo de la juventud de Romero, Mons. Rafael Valladares, quien también falleció antes de cumplir los 50 años (Valladares vivió a los 48 y Grande a los 49).
Una cuarta lectura, más espiritual pero relacionada a la primera, es la que ve a Grande como un profeta precursor de Romero—se ha hablado de Grande como Juan el Bautista, que anuncia la venida de uno aún más grande que él. El Papa Francisco también habla en términos espirituales cuando se refiere a Romero como “el primer milagro de Rutilio Grande”. El Cardenal Ángelo Amato, ex prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, al beatificar a Romero presentó a los dos mártires como integrantes de un ministerio compartido: después del asesinato de Grande en 1977, “los campesinos estaban ahora huérfanos de su padre bueno y Romero quiso tomar su puesto”. (Homilía, Beatificación, 23 de mayo del 2015.) Romero agarra el lugar de Grande para sustituirlo como el ‘Padre de los Campesinos’. Es una idea que encuentra expresión entre los fieles salvadoreños, que han asegurado escuchar el mismo tono profético de Grande en la prédica de Romero desde que comenzó a denunciar el asesinato. De todos modos, se supone una relación teológica, no solo de causa y efecto en el plano humano, sino que en el encuentro entre el actuar de los hombres y la providencia de Dios.
Finalmente, una quinta vista a la relación entre el P. Grande y el arzobispo Romero se basa en la primera lectura, pero la modifica según la demás información para lograr un análisis integral de los hechos: Sí---Rutilio Grande empujó a mons. Romero a la conversión, pero lo hizo desde antes de su asesinato. O sea, no fue solo la muerte de Rutilio que inspiró a Romero, sino también su vida. De hecho, Rutilio también sufrió su propia “conversión”, dejando la comodidad del seminario para sumergirse en la vida y la causa de los pobres. El mismo Papa Francisco destaca esa opción: “Dejó el centro para ir a las periferias. Fue un grande”. Rutilio también se radicalizó, cosa que se evidencia en su estilo de predicar a través de los años. Pero nunca se apartó de su misión sumamente eclesial: murió en ruta a hacer una novena de San José (así como Romero murió celebrando misa). Romero se dio cuenta, y de alguna manera se dejó impactar por el ejemplo.
Romero y Rutilio: ¿amigos, un par extraño, representantes de modelos enfrentados de Iglesia, profetas asociados, o ejemplar e imitador? Puede ser que cada uno de estos esquemas nos lleve un poco más cerca a la verdad sobre estos dos hombres que la Iglesia ahora propone como modelos de santidad.

Thursday, February 13, 2020

Saint Romero’s «Quadragesimo Anno»



This year marks the fortieth (40th) anniversary of the martyrial death of Saint Oscar Romero. That is why the Salvadoran Church has declared a Jubilee Year that includes other milestones in the Salvadoran martyrology, which is expected to have four new blessed this year: Fr. Rutilio Grande and his two companion martyrs, as well as Fr. Cosme Spessotto, an Italian priest killed in 1980, for whom this year will also mark four decades since his martyrdom. Finally, this year will also be the 40th anniversary of the deaths of four American women killed by the Salvadoran army in December 1980, and the 50th anniversary of the oldest Salvadoran martyr, the almost forgotten (but recently recovered) Fr. Nicolás Rodríguez, killed in 1970. These dates are all featured in the Romero 40th Jubilee Year.

The message of the Salvadoran bishops announcing the Jubilee Year places it in the context of several outstanding issues challenging Salvadoran society, including the need for “an authentic National Reconciliation Law” in the Central American country, which experienced a bloody internal conflict between 1980 and 1992. The specter of this conflict is haunts this anniversary, which in its biblical connotation, implies a generational change and comes as El Salvador has elected a president who is not from the political parties associated with the war, but from a newly formed one, with the evocative name “New Ideas”. (However, events in progress in which the president took the Legislative Assembly accompanied by an army detachment have raised serious doubts in some sectors about the validity of reforms.)

In the Church, the 40th anniversary of Romero’s martyrdom appears to be reinterpreted in the light of generational changes in the social doctrine of the Church, which under the teaching of Pope Francis (on the fifth anniversary of «Laudato Si» and the wake of the publication of the post-synodal exhortation «Querida Amazonía») focuses on environmental considerations. Not surprisingly, in the framework of the Jubilee Year, the Rutilio Grande Vicariate of the San Salvador Archdiocese presented a seminar entitled “The Environment in the Light of Thought of Monsignor Romero.” In Canada, the Dominican Pastoral Institute has entitled its 40th anniversary commemoration “Nonviolent Action and Ecological Crisis: Oscar Romero, an inspiring figure for today.” And the national needs highlighted by the Salvadoran bishops included the need for a law to protect the water.

In London, the Romero Trust has scheduled speeches in various cities by the theologian Edgardo Colón-Emeric, entitled “Romero 40 years on.” Colón-Emeric is the author of a book on Romero's theological vision, which focuses on the mystery of the transfiguration. Colon-Emeric hopes that his work will inspire academics to think in solidarity with the poor inspired by Romero's vision, which is summed up in his saying: “Gloria Dei, vivens pauper”: “The glory of God is that the poor should live.” The dissemination of Romero's thought could also pave the way for his eventual recognition as a “Doctor of the Church.”

This blog predicts that there will be news for the Romero anniversary in March regarding the beatification causes of Frs. Grande, Spessotto and their fellow martyrs — possibly as soon as next week — which will make Romero, the only canonized saint of El Salvador, for the moment, the patriarch of the Salvadoran martyrs during his Jubilee Year.

El «Quadragesimo Anno» de San Romero


[ English ]

Este año marca el cuadragésimo (40°) aniversario de la muerte martirial de San Óscar Romero. Por ello la Iglesia Salvadoreña ha declarado un Año Jubilar que comprende otros hitos en el martirologio salvadoreño, que espera contar este año con cuatro nueve beatos: el Padre Rutilio Grande y sus dos compañeros mártires, como también el Padre Cosme Spessotto, sacerdote italiano asesinado en 1980, para quien también se estarán marcando cuatro décadas de su martirio. Finalmente, este año también marca el 40° aniversario de las mujeres norteamericanas asesinadas por el ejército salvadoreño en diciembre de 1980, y el 50° aniversario del más antiguo mártir salvadoreño, el casi olvidado (pero recientemente recuperado) P. NicolásRodríguez, asesinado en 1970. Las fechas de todos estos mártires figuran en las conmemoraciones del Año Jubilar.

El mensaje de los obispos salvadoreños que anunciaba el Año Jubilar lo ubica en el contexto de varios temas pendientes en la sociedad salvadoreña, incluyendo “una auténtica Ley de Reconciliación Nacional” en el país centroamericano que vivió un fratricida conflicto armado entre 1980 y 1992. El espectro de ese conflicto ronda en el trasfondo de este aniversario, que por su connotación bíblica, implica un cambio de generaciones y se da cuando El Salvador ha elegido a un presidente no proveniente de los partidos políticos asociados con la guerra, sino de uno recién formado, con el nombre evocador de “Nuevas Ideas”. (Sin embargo, eventos en desarrollo en que el presidente tomó la Asamblea acompañado por una tropa han causado graves dudas en algunos sectores sobre la veracidad de los cambios.)

En la Iglesia, el 40° aniversario del martirio de Romero parece ser reinterpretada a la luz de cambios generacionales en la doctrina social de la Iglesia, cual bajo el magisterio del Papa Francisco (en el quinto aniversario de «Laudato Si» y el año de la publicación de la exhortación postsinodal «Querida Amazonía») se centra en consideraciones ambientales. No sorprende entonces que en el marco del Año Jubilar la Vicaría Padre Rutilio Grande de la Arquidiócesis de San Salvador presente un seminario titulado “Medio Ambiente a la Luz del Pensamiento de Monseñor Romero”. En Canadá, el Instituto Pastoral Dominicano ha titulado su conmemoración del 40° aniversario “Acción no violenta y crisis ecológica: Óscar Romero, una figura inspiradora para hoy”. Entre las necesidades nacionales resaltadas por los obispos es la necesidad de una ley para proteger el agua.

En Londres, la Romero Trust ha programado discursos en diversas ciudades del teólogo Edgardo Colón-Emeric, titulados “Romero 40 años después”. Colón-Emeric es el autor de un libro sobre la visión teológica de Romero, que encuentra su foco en el misterio de la transfiguración. Colón-Emeric espera que su obra inspire a los académicos a pensar en solidaridad con los pobres desde la visión de Romero, que se resume en su dicho: “Gloria Dei, vivens pauper”: “La gloria de Dios es que el pobre viva”. La propagación del pensamiento de Romero podría también abonar su eventual reconocimiento como un “Doctor de la Iglesia”.

En las causas de beatificación de los PP. Grande, Spessotto y compañeros mártires, este blog pronostica que habrán noticias ya para el aniversario Romero en marzo—posiblemente tan pronto como la próxima semana—lo que convertirá a Romero, el único santo canonizado de El Salvador, por el momento, en el patriarca de los mártires salvadoreños durante su Año Jubilar.

Wednesday, December 18, 2019

Romero For Doctor - 2019 Report

St. Romero figured at the Amazon Synod in October.


The movement in the nomination of any candidate for Doctor of the Church advances at a glacial pace and therefore I even wondered if it was worth offering an end-of-year balance in the case of St. Oscar A. Romero, the Salvadoran martyr who was just barely canonized in October 2018. Reacting to demands that we might call “dottore subito” (doctor right away), similar to the ones that called for John Paul II to be canonized immediately, the current archbishop of San Salvador asked Pope Francis to initiate a process to name Romero “Doctor of the Church” the day after he was canonized.

Despite the slow motion that usually characterizes such a process, there is enough to report to justify this post. First, Eminens Doctrina can confirm a predictable and not altogether surprising application of brakes to the request from some sectors to open a process in the Vatican, perhaps to avoid having a premature or runaway cause. The Roman authorities have confirmed that it is too early to begin a process with any seriousness, given that the opening of such a case presumes that the candidate’s teachings have been widely disseminated and absorbed, which for Archbishop Romero, it is still too early to say.

On another note, the death of Fr. Robert Pelton and Archbishop Leon Kalenga, the most enthusiastic promoters of the cause, has made 2019 an annus horribilis for the doctoral cause. Father Pelton proposed Romero as a “Pastoral Doctor of the Universal Church” in March 2017. The proposal was taken up in May of that year by Archbishop Kalenga, then Apostolic Nuncio in El Salvador, who presented it to an assembly of the Latin American Episcopal Council (CELAM), “spontaneously and effusively inciting great and massive applause,” according to a CELAM report. Both had continued cheering on the cause from their respective posts. In fact, Archbishop Kalenga identified it as a to-do item he assigned to his successor in his farewell address when Nuncio was appointed in Argentina.

Archbishop Kalenga died on June 12 in Rome, after a serious illness. The Congolese prelate was a canonist and had some closeness with Pope Francis, who appointed him as his representative for his homeland. This should have given him great authority to promote the cause. Archbishop Kalenga is credited with mobilizing the Salvadoran episcopal conference to promote the cause for the beatification and canonization of the first Salvadoran saint. When the new Nuncio in El Salvador, Archbishop Santo Gangemi, celebrated the Mass for the first anniversary of Romero’s canonization this year, his lengthy homily did not speak about “Romero, doctor of the Church.”

Father Pelton died on November 4 at the age of 98. Among his pending projects, he was compiling a history of Latin American theology, in which he situated both Archbishop Romero and Pope Francis. He also wanted to establish an advisory board made up of theologians and scholars to coordinate research and studies on Romero to provide support to the Salvadoran Church to promote Romero’s cause for doctor. I know, because Fr. Pelton had invited me to join the project. With his death, there is no one left who would call me to talk about Romero, Doctor of the Church. It may well be that some may accept my call and talk enthusiastically about the issue, but now there is no one who would initiate such a call.

Another death of a great Romero devotee came when Robert Waldrop, founder of the Oklahoma City “Oscar Romero” Catholic Worker House died on August 30. Although he was neither a cleric nor a theologian nor a scholar, Waldrop helped spread the Romeroist spirituality. In 2002, he presented “Seven Lent Sermons by Oscar Romero”, a collection of fragments of homilies, grouped into seven headings, which this blog will publish next year. Waldrop also wrote prayers and other works of spirituality in homage to Romero and other saints and heroes of social justice, including Dorothy Day and Stanley Rother, among others. Waldrop was a great fighter and a great Catholic worker.

But not all the news is discouraging. An important, positive development was that the influential theologian Gustavo Gutierrez has endorsed the idea of ​​Romero, doctor, calling it an “excellent” initiative. To the extent that Fr. Gutierrez, “Father of Liberation Theology,” is an influential theologian, he could urge other theologians to study Romero and incorporate him into their analysis, which would help advance the cause. Gutierrez has experienced a kind of vindication in Peru, where he was recently awarded an honorary doctorate and was praised by the new Archbishop of Lima Carlos Castillo (“He taught us to see reality with the eyes of the poor “). Another positive note that may go unnoticed is the vote by the conference of American bishops in favor of granting the title Doctor of the Church to the former Christian Father San Irenaeus. The import is that Irenaeus was a martyr, and his acceptance would leave the field free for other martyrs, including St. Oscar Romero (until now, no martyr has been named a doctor).

The first Salvadoran saint will also have company next year, when Eminens Doctrina predicts that there will be four new blessed—martyrs, all—from the Central American nation. In the first quarter of the year, favorable decrees can be expected for Fr. Rutilio Grande, S.J. and his two companions, Manuel Solorzano and Nelson Lemus, killed in 1977, as well as Father Cosme Spessotto, OFM, of Italian birth, but murdered in El Salvador in 1980. The new blesseds will raise the profile of Saint Romero, as he tops the list. As Francis said in 2014: “there are others who were killed, but none as prominent as Romero.”

Finally, Pope Francis was asked when he was returning from his recent trip to Asia if he was still planning to publish an encyclical on just war theory. It has been thought that this would include some reference to Romero, who discussed nonviolence in his fourth pastoral letter. “Yes, the project is there, but the next Pope will do it, because I barely have time,” Francis said with his usual candor. “There are other projects on the back burner ...: one on peace for example, it is there, it is maturing.” This is another thing that would help a lot to promote the doctorate, but for now there is little movement.

Therefore, 2019 cautions us to moderate expectations and settle in for a long wait.

Romero para doctor - Informe 2019

San Romero figuró en el Sínodo Amazónico en octubre.

[ English ]

El movimiento en la postulación de cualquier candidato a Doctor de la Iglesia avanza a paso glacial y por ende hasta me pregunté si valía la pena ofrecer un balance de fin de año en el caso de San Óscar Arnulfo Romero, el mártir salvadoreño apenas canonizado en octubre de 2018. Obedeciendo a varios llamados que podríamos calificar de “dottore subito” (doctor inmediatamente), parecido a los llamados por la pronta canonización del Papa Juan Pablo II, el actual arzobispo de San Salvador pidió al Papa Francisco que iniciara un proceso para nombrar a Romero “Doctor de la Iglesia” el día después de su canonización.

No obstante la lentitud que acostumbradamente caracteriza los procesos, hay suficiente que reportar para justificar este informe. En primer lugar, Eminens Doctrina puede confirmar una previsible y no sorprendente aplicación de frenos a la solicitud de algunos sectores de abrir un proceso en el Vaticano, quizá para no tener una causa prematura, fuera de control. Las autoridades romanas han confirmado que es muy temprano para iniciar un proceso con cualquier seriedad, dado que la apertura de tal causa presume que las enseñanzas del candidato han tenido una difusión y absorción extensiva que para Mons. Romero todavía es demasiado temprano decir que ya sucedió.

Por otro lado, la muerte del P. Robert Pelton y del Arzobispo León Kalenga, los promotores más entusiastas de la causa, ha hecho del 2019 un annus horribilis para la causa doctoral. El P. Pelton propuso a Romero como un “Doctor Pastoral de la Iglesia Universal” en marzo del 2017.  La propuesta fue retomada en mayo de ese año por Mons. Kalenga, entonces Nuncio Apostólico en El Salvador, quien la presentó ante una asamblea del Concejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), “arrancando espontánea y efusivamente un gran y masivo aplauso”, según un informe del CELAM. Ambos habían seguido haciendo vítores por la causa desde sus puestos correspondientes. Incluso Mons. Kalenga, en su discurso de despedida cuando fue nombrado Nuncio en Argentina, dejó el tema pendiente como uno de los encargos para su sucesor.

Mons. Kalenga falleció el 12 de junio en Roma, después de una grave enfermedad. El prelado congoleño era canonista y tuvo afinidad con el Papa Francisco, quien lo nombró como su representante para su tierra de origen.  Esto debiera darle gran autoridad para promover la causa. De hecho, a Mons. Kalenga se le atribuye haber movilizado a la conferencia episcopal salvadoreña para promover la causa de beatificación y canonización del primer santo salvadoreño. Cuando el nuevo Nuncio en El Salvador, Mons. Santo Gangemi, celebró la Misa del primer aniversario de la canonización de Romero, en su extensiva homilía no habló de “Romero, doctor de la Iglesia”.

El P. Pelton falleció el 4 de noviembre a los 98 años. Entre sus proyectos pendientes, estaba elaborando una historia de la teología latinoamericana, en la que ubicaba tanto a Mons. Romero como al Papa Francisco. También quería establecer una junta asesora conformada por teólogos y estudiosos para coordinar investigaciones y estudios sobre Romero con el objetivo de proporcionar apoyo a la Iglesia Salvadoreña para promover la causa de Romero, doctor. Me consta porque el P. Pelton me había invitado a participar en el proyecto. Con su muerte, no queda nadie que me llame continuamente para platicar sobre Romero, Doctor de la Iglesia. Bien puede ser que algunos acepten mi llamada y platiquen con entusiasmo sobre el tema, pero ya no hay quien inicie tal llamada.

También falleció el 30 de agosto Robert Waldrop, fundador de la Casa del Trabajador Católico “Oscar Romero” de Oklahoma City, otro gran devoto del mártir salvadoreño. Aunque no fue ni clérigo, ni teólogo, ni estudioso, Waldrop ayudó a difundir la espiritualidad Romeriana. En el 2002, presentó “Siete Sermones de Oscar Romero para la Cuaresma”, una colección de fragmentos de homilías, agrupadas en siete grupos, que este blog publicará el próximo año. Waldrop también redactó oraciones y otras obras de espiritualidad en homenaje a Romero y a otros santos y héroes de la justicia social, incluyendo Dorothy Day y Stanley Rother, entre otros. Fue un gran luchador y un gran trabajador católico.

Pero no todas las noticias son desalentadoras. Un desarrollo positivo, importante ha sido que el influyente teólogo Gustavo Gutiérrez avale la idea de Romero, doctor, llamándola una iniciativa “excelente”. En la medida en que el P. Gutiérrez, “Padre de la Teología de la Liberación”, es un teólogo influyente, podría instar a otros teólogos a estudiar a Romero e incorporarlo en sus análisis, que ayudaría a avanzar la causa. El P. Gutiérrez ha experimentado una suerte de vindicación en Perú, donde recientemente fue otorgado un doctorado «honoris causa» y fue elogiado por el nuevo arzobispo de Lima Mons. Carlos Castillo (“Nos enseñó a ver la realidad con los ojos de los pobres”). Otra nota positiva que puede pasar desapercibida es la votación por la conferencia de obispos norteamericanos a favor de otorgar el título Doctor de la Iglesia al antiguo padre cristiano San Ireneo. El detalle está en que Ireneo fue un mártir, y su aceptación dejaría el campo libre a otros mártires, incluyendo a San Óscar Romero (hasta este momento no ha habido ningún doctor mártir).

El primer santo salvadoreño también tendrá compañía el año entrante, cuando Eminens Doctrina pronostica que habrá cuatro nuevos beatosmártires todos—del país centroamericano. En el primer cuarto del año se puede esperar decretos favorables honrando al P. Rutilio Grande, S.J. y sus dos compañeros, Manuel Solórzano y Nelson Lemus, asesinados en 1977, como también del P. Cosme Spessotto, O.F.M, de origen italiano, pero asesinado en El Salvador en 1980. Los nuevos beatos levantarán el perfil de San Romero, ya que él encabeza el elenco. Como dijo Francisco en 2014: “hay otros que fueron asesinados, aunque no están a la altura de Romero”.

Finalmente, se le preguntó al Papa Francisco cuando regresaba de su reciente viaje a Asia si todavía pensaba publicar una encíclica sobre la guerra justa. Se ha pensado que esta incluiría alguna referencia a Romero, quien trató la no-violencia en su cuarta carta pastoral. “Sí, el proyecto está ahí, pero el próximo Papa lo hará, porque apenas tengo tiempo”, dijo Francisco con su acostumbrada franqueza. “Hay proyectos que están en los cajones…: uno sobre la paz, por ejemplo, está ahí, está madurando”. Otra cosa que ayudaría bastante a promover el doctorado, pero por el momento no hay movimiento.
Por tanto, 2019 nos aconseja moderar las expectativas y prepararnos para una larga espera.

Thursday, March 21, 2019

Gustavo Gutiérrez avala idea de Romero, doctor

El P. Gutiérrez en la celebración de sus 90 años.  Foto Caretas.pe.


El renombrado sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, O.P., llamado a veces el “Padre de la Teología de la Liberación”, ha dado su aval a la propuesta de San Óscar Romero como “Doctor de la Iglesia”.  Durante una intervención vía internet en un panel de la conferencia “Romero Days” en la Universidad de Notre Dame, Indiana, EEUU, el filósofo y teólogo calificó de “excelente” la idea.  San Romero fue un escritor prolífico, explicó el P. Gutiérrez, y se puede deducir mucho de sus obras.

En particular, según fuentes que participaron en el enlace, el P. Gutiérrez enfatizó que se debe emular el modelo de “ver, juzgar y actuar” utilizado por San Romero en un proceso de conversión que se desarrolló a través de varios años en cuales Romero se dejó guiar de las injusticias de las que fue testigo.  El P. Gutiérrez también reconoció que Romero no fue seguidor de corrientes liberacionistas y que tuvo su propio proceso de concientización con los pobres.  El sacerdote del orden dominicano también argumentó de que, más que escritos, se debe tomar en cuenta el amor al prójimo como algo que tiene “más valor que todas las teologías”.

En declaraciones previas, el P. Gutiérrez ya había dicho que “la historia de la Iglesia en América Latina se divide en antes y después de Monseñor Romero”.

La conferencia en Notre Dame, desarrollada por 30 años, ha sido un principal terreno de desove para la propuesta de Romero, Doctor; fue allí que el P. Robert Pelton propuso a Romero como un “Doctor Pastoral de la Iglesia Universal” en marzo del 2017.  La propuesta fue retomada en mayo de ese año por el entonces Nuncio Apostólico en El Salvador, Mons. León Kalenga, quien la presentó ante una asamblea del Concejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), “arrancando espontánea y efusivamente un gran y masivo aplauso”, según un informe del CELAM.  En la conferencia de marzo del 2018, el P. Steven Payne expuso sobre los retos y requisitos de la propuesta.  Finalmente, en octubre del 2018, el Arzobispo de San Salvador, Mons. José Luis Escobar Alas, solicitó la apertura de un proceso formal para lograr el reconocimiento en un discurso ante el Papa Francisco después de la canonización de Romero.

Análisis: El aval del P. Gutiérrez es un desarrollo importante en este proceso, que puede tomar varias décadas para llegar a su plenitud, pero no es en sí decisivo.  En cierto sentido, la opinión del P. Gutiérrez tiene peso por tratarse de un eminente teólogo, pero, al final de cuentas, es solamente la opinión de un teólogo, cuando lo que se necesita es un consenso colectivo de todos los teólogos y pastores de que Romero ha tenido impacto suficiente para ser reconocido.  No obstante, el respaldo del P. Gutiérrez demuestra que la propuesta de Romero, Doctor sigue percolando y ganando espacio.  Además, en la medida en que el P. Gutiérrez es un teólogo influyente, podría instar a otros teólogos a estudiar a Romero e incorporarlo en sus análisis.  Por ejemplo, se conoce que el P. Gutiérrez es amigo del Cardenal Gerhard Ludwig Müller, ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuyo apoyo podría ser importante.  En una intervención en Panamá, el Papa Francisco reveló haber concelebrado una Misa con el P. Gutiérrez y el prelado alemán.  Finalmente, la lógica que expresa el P. Gutiérrez en su valoración favorable confirma los argumentos expuestos por otros defensores de la propuesta.

En fin, la propuesta de Romero, doctor sigue ganando simpatizantes.

Sunday, March 10, 2019

San Romero citado por los papas

¿Cuál papa ha mencionado más a San Óscar Romero?


Cuando el Papa Francisco citó un largo fragmento de una homilía de San Óscar Romero en su discurso a un grupo de la Pontificia Comisión por la América Latina, fue la décima octava vez que el Papa latinoamericano se refería al mártir salvadoreño en una declaración oficial.  Esto lo convierte no solo en el Pontífice que más ha mencionado a San Romero; sino también lo ha hecho más que la suma de sus dos predecesores en conjunto.  San Juan Pablo II mencionó a Romero en público en ocho ocasiones;[i] Benedicto XVI en tres;[ii] y Francisco, dieciocho hasta la fecha.[iii]

La diferencia entre la cantidad de veces que cada papa ha mencionado a Romero se explica fácilmente a base de las circunstancias de cada pontificado.  A San Juan Pablo le tocó hablar de Romero cuando este fue asesinado, y las dos veces que el papa polaco visitó El Salvador; incluyendo, en ambas ocasiones, la Tumba de Romero (el único pontífice en hacerlo hasta la fecha).  Benedicto, en cambio, ascendió al trono de San Pedro un cuarto de siglo después del asesinato, y renunció el pontificado antes de que se concluyera el proceso de santidad de Romero (aunque fue él, quien lo impulsó a la recta final).  Finalmente, Francisco ha sido el Papa durante tanto la beatificación como también la canonización de Romero, y el que ha tenido que contextualizarlo.

Por otro lado, la diferencia entre Francisco y sus predecesores no ha sido solo la cantidad de menciones sino también la calidad de estas.  Juan Pablo y Benedicto mencionaron a Romero en términos generales, para retomar la figura de Romero de manera positiva, y también su martirio.  Ambos nos dejaron frases memorables: Juan Pablo describía a Mons. Romero como un “pastor celoso”. Benedicto resalta por su frase expurgada del registro—cuando dijo que personalmente no dudaba la santidad de Romero, autoridades vaticanas pensaron el pronunciamiento prematuro.

Francisco, por su parte, ha sido el primer papa en citar las palabras de Romero (el 7 de enero del 2015), el primero en citarlo como autoridad para establecer un dato (el 15 de noviembre del 2018), el primero en dedicar todo un documento a Romero (el 23 de mayo del 2015), y también el primero en dedicar un discurso entero a Romero (el 30 de octubre del 2015).

Las cinco referencias más significativas de Romero por el Papa Francisco han sido estas:

       La “Carta Apostólica” declarándolo Beato.  El texto resume los méritos del arzobispo que lo hacen digno de veneración en la Iglesia, por ser un: “Obispo y mártir, pastor según el corazón de Cristo, Evangelizador y padre de los pobres, [y] Testigo heroico del Reino de Dios, Reino de justicia, fraternidad y paz”.  El Cardenal Ángelo Amato explicó que estas palabras reconocían que Romero “amó a sus fieles y a sus sacerdotes con el afecto y con el martirio, dando la vida como ofrendo de reconciliación y de paz”.  Esto cambió el discurso completamente sobre Romero, especialmente en El Salvador. [Análisis adicional.] 
      La carta al Arzobispo de San Salvador para la Beatificación de Romero.  En este texto, Francisco presenta a Romero, en vida, como “imagen de Cristo Buen Pastor”, y ya Beato, como un “amigo en la fe” para “quienes lo invoquen como protector e intercesor, quienes admiren su figura, [y] encuentren en él fuerza y ánimo para construir el Reino de Dios”.  Francisco cita las palabras de Romero, diciendo que “Es necesario renunciar a «la violencia de la espada, la del odio», y vivir «la violencia del amor, la que dejo a Cristo clavado en una cruz, la que se hace cada uno para vencer sus egoísmos y para que no haya desigualdades tan crueles entre nosotros».” (Ver, Homilía, 27 de noviembre de 1977.) 
          Discurso ante peregrinos salvadoreños después de la beatificación. Como es cierto en muchos discursos del Papa Francisco, lo que hizo impacto de esta alocución no fueron las palabras del texto oficial preparado para la ocasión, sino la parte que el Pontífice añadió espontáneamente al final para reconocer que Romero había sido maltratado por la Iglesia.  Yo era sacerdote joven y fui testigo de eso”, dijo el Papa con su característica franqueza: “fue difamado, calumniado, ensuciado, o sea que su martirio se continuó incluso por hermanos suyos en el sacerdocio y en el episcopado”. Las palabras llevaron al Arzobispo de San Salvador a pedir perdón públicamente por el maltrato de Romero. 
          Discurso ante los obispos centroamericanos durante la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá.  Francisco presentó a San Romero como un referente para los obispos: “Su vida y enseñanza”, dijo el Papa, “son fuente constante de inspiración para nuestras Iglesias y, de modo particular, para nosotros obispos”.  El Papa propuso el lema episcopal de Romero, “Sentir con la Iglesia”, como la “brújula que marcó su vida en fidelidad”, y que “expresa de manera clara su principio inspirador y lo que fue su vida de pastor”.  Francisco también señaló la “Kénosis” de Romero: su disponibilidad de vaciarse de todo rasgo del poder y de todo privilegio mundano, como guía para imitar más fielmente a Cristo. 
          Finalmente, el discurso ante la Academia de Lideres Católicos. Un mes después de rehabilitar al P. Ernesto Cardenal, sancionado por Juan Pablo II por integrarse al gobierno sandinista, Francisco reiteró que los cristianos deben priorizar su lealtad a la iglesia sobre cualquier otra, incluso a organizaciones políticas, citando lo que podríamos llamar la “Doctrina Romero”—un extenso fragmento de una homilía del santo, en que explica las responsabilidades en la ‘dimensión política de la fe’.  En América Latina tenemos un santo que sabía bien de estas cosas”, dijo el Papa, asegurando que Romero elaboró su fórmula para los políticos cristianos “con la mente y el corazón puestos en Jesús y guiado por la Doctrina social de la Iglesia”.

Próximamente esperaremos ver a San Óscar Romero citado en alguna encíclica u otro documento del magisterio papal.  Esto indicaría que además de ser un gran mártir, San Romero es también un maestro del Concilio traducido en acción pastoral, como nos ha estado indicando el Papa Francisco en las referencias más recientes.









Romero’s Fortieth, online

[ Español ] #Beatification #Canonization Today’s 40th anniversary of the martyrdom of St. Oscar Romero has be...